OpenAI ha dado un giro importante en su estrategia tecnológica al abandonar la gestión directa de sus centros de datos Stargate, optando en su lugar por acuerdos de alquiler de capacidad de cálculo con terceros. Esta decisión es relevante porque altera la forma en que la compañía aborda la infraestructura que sustenta sus modelos de inteligencia artificial.
El proyecto Stargate, anunciado a principios de 2025 como una alianza conjunta entre OpenAI, Oracle y SoftBank, contemplaba una inversión de 500 000 millones de euros para construir una red de centros de datos en Estados Unidos. Sin embargo, tras más de un año marcado por desacuerdos y retos operativos, OpenAI ha dejado de lado la idea original de poseer conjuntamente esta infraestructura, prefiriendo recurrir a proveedores externos.
La transición de OpenAI hacia el alquiler de infraestructura
Según revela Financial Times, OpenAI ha decidido “en la práctica abandonar la joint venture Stargate” y ha puesto el foco en acuerdos bilaterales con grandes compañías como Oracle. La compañía define ahora Stargate como un término paraguas para su estrategia de cálculo, en vez de un proyecto de propiedad directa.
El centro de datos inicial en Abilene, Texas, que forma parte de Stargate, sigue operativo, pero SoftBank ha asumido la propiedad y desarrollo del mismo, mientras que OpenAI se encargará del diseño y operación mediante un contrato de alquiler a largo plazo.
Otros proyectos bajo el paraguas Stargate, como un centro en Reino Unido y otro en Narvik, Noruega, han sido puestos en pausa por OpenAI. En el caso del Reino Unido, la empresa citó regulaciones restrictivas y costes energéticos elevados, aunque fuentes gubernamentales atribuyen la suspensión a alteraciones en el entorno financiero que afectan a OpenAI.
En Noruega, Microsoft ha asumido el alquiler del proyecto tras la retirada de OpenAI, decidiendo alquilar capacidad de cálculo directamente en lugar de adquirirla de la empresa británica desarrolladora de la instalación.
Estas decisiones han generado malestar entre los socios, algunos de los cuales se han sentido “decepcionados y engañados” por la compañía estadounidense.
Contexto financiero y desafíos para OpenAI
OpenAI arrastra dificultades financieras tras años sin rentabilizar su actividad pese a ser un referente en inteligencia artificial. En la última ronda de financiación, la firma logró 110 000 millones de euros, la mayor cifra recaudada hasta la fecha en Silicon Valley, superando ampliamente sus expectativas iniciales.
No obstante, el ritmo acelerado de gasto, especialmente en capacidad de cálculo para mantener su liderazgo, genera inquietudes sobre la sostenibilidad de su modelo. Algunos analistas predicen que la compañía podría agotar sus recursos hacia mediados de 2027.
Esta realidad contrasta con la estabilidad financiera de grandes corporaciones tecnológicas como Microsoft, Google o Amazon, que pueden invertir en infraestructura sin depender completamente de fondos externos, algo que las startups como OpenAI y Anthropic todavía no pueden permitirse.
Implicaciones de abandonar la gestión directa de Stargate
Este cambio abierto por parte de OpenAI revela un replanteamiento necesario ante los costes y riesgos de construir y mantener centros propios de datos, especialmente en un sector que exige una capacidad de cálculo cada vez mayor.
El pase a modelos de alquiler más flexibles permite reducir la inversión inicial, atender la demanda variable de recursos y evitar conflictos sobre la propiedad y gestión, como los ocurridos entre los socios del proyecto Stargate.
Sin embargo, confiar en terceros para la infraestructura puede afectar la autonomía y confiabilidad que una empresa de inteligencia artificial necesita para ofrecer servicios estables y escalables.
En este sentido, la intervención de Microsoft en algunos proyectos muestra la apuesta de compañías consolidadas por asumir un papel clave en el ecosistema de IA, en contraste con las dificultades que enfrentan las startups para sostener sus planes de crecimiento a largo plazo.
El futuro de OpenAI dependerá en buena medida de su capacidad para equilibrar sus necesidades tecnológicas con su viabilidad financiera, adaptando sus estrategias de infraestructura a un entorno cambiante y competitivo.
