Fluoruro de hidrógeno anhidro está a punto de empaquetar una nueva subida de costes para los fabricantes de memoria en Corea del Sur, según varios informes industriales. Lo que era hasta ahora una presión soportada por la química se está trasladando a la producción de chips: si se cumplen los plazos, los efectos serán visibles a partir de julio.
Fluoruro de hidrógeno anhidro: función y vulnerabilidad
El fluoruro de hidrógeno anhidro se usa en los pasos de grabado y limpieza para eliminar capas de óxidos y contaminantes metálicos de las obleas. Se produce a partir de fluorita y ácido sulfúrico, este último generado en gran parte a partir de azufre derivado del refinado de petróleo y gas.
En la práctica, eso significa que cualquier tensión sobre el suministro de petróleo y gas —o sobre la capacidad de refino— acaba contagiando el precio del ácido sulfúrico y, por extensión, del fluoruro de hidrógeno. La guerra en Irán y las medidas relacionadas con el estrecho de Ormuz han reducido la disponibilidad de materias primas y capacidad de refino, con efectos encadenados en estas cadenas industriales.
Además, China, que es el mayor exportador mundial del compuesto, ha restringido exportaciones de materiales clave usados en sus procesos industriales. El resultado fue un aumento de precio reportado en torno al 130% a mediados de abril respecto a niveles de principios de año, y subidas intersemanales del ácido sulfúrico de hasta 27% en la primera semana de abril según rastreos del mercado.
Cómo afectará a fabricantes de memoria y posibles soluciones
Empresas químicas surcoreanas como Soulbrain, ENF Technology y Foosung han comenzado a recibir en mayo pedidos de fluoruro de hidrógeno más caros y en cantidades más ajustadas. Antes de suministrarlo a gigantes como Samsung y SK Hynix, estas compañías lo diluyen con agua ultrapura y fluoruro de amonio para obtener un material de calidad para semiconductores.
Según las estimaciones que manejan actores del sector, las químicas dejarán de absorber el sobrecoste y lo repercutirán a los fabricantes de memoria a más tardar en julio. A diferencia de episodios previos, en 2026 no hay excedentes sustanciales de memoria que amortigüen el aumento: el mercado global mantiene una situación de oferta ajustada, por lo que un alza en costes de materiales puede traducirse en mayor presión sobre el precio final de módulos y dispositivos de almacenamiento.
No es la primera vez que el fluoruro de hidrógeno juega un papel en tensiones comerciales. En 2019, restricciones japonesas redujeron drásticamente el suministro hacia Corea del Sur y forzaron cambios en las fuentes de importación. Entonces, las reservas y mayor inventario de chips mitigaron el efecto en precios finales. El escenario actual es distinto por la escasez de inventario y la subida simultánea de costes de materias primas.
¿Es un problema de largo recorrido? Probablemente no enteramente. Corea del Sur viene invirtiendo para reducir su dependencia. Un proyecto industrial que se ha mencionado en fuentes del sector contempla una nueva planta con una capacidad anual prevista de 50.000 toneladas, con puesta en marcha apuntada para el cuarto trimestre de 2026. Si se cumple, sería capaz de cubrir gran parte de la demanda doméstica y aliviaría la presión sobre importaciones.
A corto plazo, sin embargo, las alternativas son limitadas: diversificar proveedores, racionar suministros internos y trasladar costes a los contratos spot y a la cadena de producción. Los fabricantes de memoria cuentan con márgenes amplios en este ciclo, pero parece poco probable que absorban íntegramente un incremento tan brusco en el precio de un insumo crítico.
Hay otros factores que conviene subrayar: la producción de fluoruro depende también de la actividad minera (fluorita) y logística. En abril se registraron cierres puntuales de minas en China por accidentes y caídas de producción por falta de materias primas, que agravaron el combo precio-restricción de exportaciones.
En conclusión, el golpe de precio del fluoruro de hidrógeno anhidro es real, con una cronología que sitúa la repercusión en la industria de memoria en las próximas semanas. No es un choque idéntico al de 2019, pero tampoco implica necesariamente un encarecimiento sostenido a largo plazo: la puesta en marcha de capacidad local y la corrección del mercado de materias primas pueden devolver equilibrio en trimestres posteriores.
Lo que no cambia es una lección ya conocida: la cadena de suministro de semiconductores es tan fuerte como su eslabón más débil, y ese eslabón puede ser un químico que pasa desapercibido para la mayoría de los usuarios hasta que sube la factura.
