Las grandes empresas tecnológicas han incrementado de forma significativa su inversión en capital debido al aumento notable en los precios de componentes como la memoria y los chips. Para 2026, Google, Amazon, Microsoft y Meta planean destinar un total de 725.000 millones, un 77 % más que los 410.000 millones invertidos el año anterior, un nivel récord que refleja las tensiones en la cadena de suministro y la creciente demanda por capacidades de inteligencia artificial y servicios en la nube.
Este aumento en el gasto, recogido en los informes de resultados del primer trimestre y recopilado por Financial Times, se sustenta en una escalada de costes de memoria DRAM y NAND, que han experimentado incrementos de hasta el 95 % en el primer trimestre de 2026 y se prevé que continúen subiendo en el siguiente trimestre.
El impacto del encarecimiento en los presupuestos de capital
Microsoft ha atribuido 25.000 millones de su presupuesto de inversión a la subida en precios de memoria y chips, estableciendo su gasto en 190.000 millones para 2026, muy por encima de los 152.000 millones previstos inicialmente por los analistas. Su directora financiera, Amy Hood, advirtió que a pesar del esfuerzo económico, la compañía espera mantener restricciones en la capacidad de GPUs, CPUs y almacenamiento durante al menos el próximo año.
De manera similar, Meta incrementó su previsión de gasto hasta situarla entre 125.000 y 145.000 millones, arriba desde su anterior techo de 135.000 millones. La firma atribuye este incremento a la alza de costes en memoria, terreno, electricidad y mano de obra cualificada, aspectos indispensables para sus centros de datos, que consumen cerca del 70 % de la producción mundial actual de memoria.
Crecimiento en la nube y la apuesta por el silicio personalizado
Google Cloud experimentó un crecimiento del 63 % en ingresos, alcanzando los 20.000 millones en el último trimestre, triplicando el ritmo de crecimiento de Amazon Web Services y Microsoft Azure. Su cartera de contratos en la nube alcanzó los 460.000 millones, casi duplicando los niveles al cierre de 2025.
Este dinamismo se explica en parte por el desarrollo interno de chips personalizados y modelos de inteligencia artificial que otorgan ventajas competitivas. Google ha desplegado su chip TPU Ironwood de séptima generación y recientemente presentó la octava generación, optimizada para entrenamiento e inferencia. Alphabet ha elevado así su guía de inversión hasta entre 180.000 y 190.000 millones, con expectativas de un nuevo aumento en 2027.
Mientras tanto, otras grandes tecnológicas como Amazon y Meta apuestan igualmente por sus propios aceleradores de inteligencia artificial para reducir la dependencia de Nvidia. Amazon cuenta con Trainium3 basado en procesos de fabricación avanzados, mientras Meta ha desarrollado cuatro generaciones de su chip MTIA.
Limitaciones en la cadena de suministro y su efecto en la industria
A pesar del fuerte gasto, las empresas han señalado que los cuellos de botella en suministro persisten. La capacidad de producción avanzada de TSMC está mayoritariamente reservada para Nvidia, dejando un resto reducido para otros fabricantes y proyectos como los TPUs de Google.
Además, la infraestructura eléctrica necesaria para los centros de datos también es un escollo creciente, con largos plazos de espera para transformadores de potencia y alertas de posibles retrasos en proyectos vinculados al suministro eléctrico global.
Estas tensiones se ven agravadas por problemas en componentes como los circuitos integrados de gestión de energía, con plazos de fabricación extendidos y el cierre próximo de instalaciones clave como la fábrica de obleas de Samsung en Corea.
En el ámbito de los procesadores, la demanda por CPUs capaces de gestionar cargas de trabajo de inteligencia artificial también presiona la oferta. Intel ya reporta una demanda insatisfecha significativa, mientras que las proporciones entre CPUs y GPUs en centros de datos se ajustan para afrontar esta realidad.
Reacciones del mercado y perspectivas para las empresas tecnológicas
La bolsa no ha sido inmune a estas noticias. Meta, tras anunciar el aumento de sus gastos, sufrió una caída del 6 % en sus acciones después del cierre, perdiendo aproximadamente 113.000 millones en valor de mercado, una reacción vinculada a la incertidumbre sobre la rentabilidad en un modelo que históricamente no ha sido intensivo en capital.
A pesar de esta preocupación, algunos analistas defienden que el crecimiento de ingresos en todo el sector justifica la intensificación del gasto. El consejero delegado de Microsoft, Satya Nadella, valoró positivamente el fin de su contrato exclusivo con OpenAI, que le garantiza acceso sin royalties a modelos avanzados de IA hasta 2032.
Amazon mantuvo su previsión de inversión en 200.000 millones, mientras Google proyecta incrementos sostenidos para 2027, apuntando a un futuro en el que la capacidad y la tecnología personalizada serán claves para competir.
En conjunto, el aumento en los precios de componentes esenciales está condicionando no sólo las estrategias de inversión, sino también la estructura y viabilidad operativa de las grandes compañías tecnológicas, con un impacto directo en la oferta y la innovación en inteligencia artificial y servicios en la nube.
