El apoyo a la creación de nuevos data centers en Virginia ha experimentado un desplome significativo, según un sondeo reciente que muestra una bajada del 69 % al 35 % en la aceptación ciudadana entre 2023 y 2024. Esta caída coincide con la cancelación definitiva del ambicioso proyecto Prince William Digital Gateway, un desarrollo que habría sido uno de los mayores complejos de centros de datos a nivel mundial.
Este viraje en la opinión pública es relevante porque afecta directamente la expansión tecnológica en un estado líder en la infraestructura de centros de datos, donde la demanda energética y las preocupaciones medioambientales están generando tensiones crecientes entre comunidades y promotores.
El declive del apoyo a data centers en Virginia y la cancelación del Digital Gateway
La encuesta de opinión realizada por la Christopher Newport University entre septiembre arroja que tan solo un 35 % de los votantes en Virginia se muestran ahora cómodos con la instalación de nuevas instalaciones de este tipo en sus comunidades, frente al 69 % del año anterior. El 28 % se posiciona en contra y un 37 % se muestra neutral o indeciso.
Este cambio de actitud coincide con la decisión del condado de Prince William de abandonar los esfuerzos legales para impulsar el proyecto Digital Gateway, una ambiciosa propuesta de 37 edificios distribuidos en 1.760 acres que, en pleno funcionamiento, habría exigido un consumo energético equivalente a la demanda de un millón de hogares.
La Junta de Supervisores de Prince William votó en contra de una modificación del plan general que habilitaba el proyecto, en medio de fuertes protestas locales y litigios iniciados por asociaciones vecinales preocupadas por el impacto en los recursos hídricos, la contaminación visual y el aumento del tráfico pesado.
Dimensiones y retos del Prince William Digital Gateway
Desarrollado por Digital Gateway Prince William LLC, una alianza entre QTS Realty Trust y CloudHQ, este centro estaba diseñado para una capacidad multiméga vatio, con una superficie construida estimada en 22 millones de pies cuadrados y la instalación de 14 subestaciones eléctricas dedicadas. Se esperaba que generara cerca de 35.000 empleos y una inversión superior a 18.000 millones de dólares.
A pesar de estos números, el proyecto suscitó una fuerte oposición, impulsada por grupos como la asociación de propietarios Oak Valley y organizaciones conservacionistas que alertaban sobre un consumo diario de agua de 1,2 millones de galones, un aumento notable en el tráfico de camiones y riesgos para un espacio natural protegido cercano, Bull Run Mountains Preserve.
Las demandas legales pusieron en entredicho los procedimientos administrativos en la aprobación inicial, resultando en la anulación del plan de uso del suelo por los tribunales de Virginia y, finalmente, en la retirada definitiva del recurso ante la Corte Suprema del estado.
Contexto del sector y resistencia comunitaria en Virginia
Virginia concentra alrededor del 70 % de la capacidad total de data centers en Estados Unidos, con la región norteña siendo un punto clave para la actividad de grandes multinacionales tecnológicas. Sin embargo, las preocupaciones por el impacto ambiental y la presión sobre las infraestructuras locales han provocado moratorias y un aumento en las iniciativas legislativas dirigidas a limitar nuevos desarrollos.
En 2025 se registraron 48 proyectos de data centers bloqueados o retrasados en todo el país, con Virginia liderando la oposición ciudadana, donde actualmente operan 57 grupos activos en contra de estas instalaciones.
Legisladores de varios estados, incluidos Maine y otros con presencia tecnológica significativa, han aprobado medidas para restringir la construcción de nuevos centros de datos de gran consumo energético, reflejando una tendencia creciente para controlar su impacto.
Retos tecnológicos y de infraestructura tras la cancelación
La cancelación del Digital Gateway deja incertidumbre sobre dónde se redirigirá la capacidad prevista. Las áreas aledañas como Loudoun y otras regiones cercanas suelen absorber estos proyectos, aunque también enfrentan resistencia similar. Esto plantea retos para la gestión de la latencia en las conexiones de fibra óptica, ya que el clúster de Ashburn es clave para el tráfico transatlántico y en la costa este de Estados Unidos.
El traslado de cargas de trabajo de inferencia de inteligencia artificial fuera de este hub genera costes adicionales que los grandes operadores parecen estar dispuestos a asumir para evitar mayores latencias.
En un contexto de creciente demanda de potencia computacional y escrutinio ambiental, Virginia se sitúa en una encrucijada donde el equilibrio entre desarrollo tecnológico y sostenibilidad será fundamental.
Esta situación evidencia cómo la opinión pública y regulaciones locales pueden condicionar proyectos de gran escala en el sector tecnológico, afectando no solo el despliegue físico de infraestructuras sino también la estrategia operativa y de inversión de las principales compañías del sector.
