La sonda Voyager 1, la nave humana más distante en el espacio, se enfrenta a una grave reducción de energía y, para gestionarla, la NASA ha decidido apagar un instrumento científico con el fin de prolongar su capacidad operativa aproximadamente un año más. Esta maniobra se debe al envejecimiento progresivo de su generador termoeléctrico de radioisótopos, que suministra la energía necesaria para mantener la misión activa desde su lanzamiento en 1977.
Gestión crítica del suministro energético en Voyager 1
Voyager 1 fue concebida inicialmente para una misión de cinco años, pero ha superado ampliamente este plazo, operando en el espacio interestelar desde 2012. La sonda se alimenta gracias a tres generadores termoeléctricos de radioisótopos que convierten el calor generado por la desintegración del plutonio-238 en electricidad. En el momento del lanzamiento, los RTG proporcionaban alrededor de 470 vatios; actualmente, esta potencia se ha reducido a aproximadamente 218 vatios, con una pérdida anual constante estimada en alrededor de 4 vatios debido a la degradación natural del material radioactivo y de los sistemas termoeléctricos.
Este descenso obliga a la NASA a tomar decisiones sobre qué instrumentos permanecen activos para maximizar la utilidad científica y mantener las comunicaciones tan lejos de la Tierra, a 24.400 millones de kilómetros, o unas 162 unidades astronómicas.
Apagado del instrumento Plasma Science para ahorrar energía
El 20 de noviembre se apagó el instrumento Plasma Science (PLS), que aunque inactivo desde 2007, seguía consumiendo cerca de 4,2 vatios debido a ‘calentadores de supervivencia’ necesarios para preservar su funcionalidad. Al desactivar esta carga, la NASA gana aproximadamente 3 a 4 vatios que pueden redistribuirse para mantener online otros dispositivos esenciales.
Entre los instrumentos priorizados se encuentran el magnetómetro (MAG) y el detector de ondas de plasma (PWS), que permiten continuar estudiando el medio interestelar y la heliosfera. La decisión se tomó tras observar una caída imprevista de energía en febrero, que activó mecanismos automáticos de reducción del consumo para evitar que Voyager 1 entrara en modo seguro, lo que limitaría considerablemente la obtención de datos.
Impacto y futuro de la misión tras medidas de ahorro energético
Gracias a esta reducción de consumo, se estima que Voyager 1 dispondrá de aproximadamente un año más de vida útil para enviar datos científicos, retrasando crisis que podrían obligar a apagar incluso el sistema que mide partículas cargadas de baja energía (LECP) y, más adelante, el detector de rayos cósmicos (CRS).
Estos recortes progresivos reducirán los instrumentos activos a sólo dos, pero permitirán prolongar la misión hasta fechas todavía inciertas, que podrían oscilar entre 2026 y 2030, dependiendo de la evolución del suministro energético y la integridad de los sistemas.
Controlar esta disminución es un reto notable dada la distancia y la imposibilidad práctica de realizar mantenimiento o recarga. La señal de Voyager tarda unas 22,5 horas en llegar a la Tierra, lo que añade complejidad a la operación y respuesta desde el Jet Propulsion Laboratory de la NASA.
Innovaciones para prolongar la operatividad de Voyager
En paralelo, la NASA trabaja en soluciones ambiciosas para mejorar la eficiencia energética de las sondas Voyager, como el denominado proyecto “Big Bang”, que pretende sustituir sincrónicamente ciertos componentes para reducir su consumo. La primera aplicación se probará en Voyager 2, que se encuentra relativamente más cerca, y si el resultado es satisfactorio, se extenderá a Voyager 1.
Estas estrategias buscan extender al máximo la misión científica de dos icónicas sondas espaciales, que además transportan el famoso disco de oro con sonidos e imágenes de la Tierra, legado insustituible del ingenio humano.
El apagado parcial de instrumentos responde a un manejo consciente y crítico de la crisis energética que atraviesan estas misiones, donde cada vatio cuenta para conservar la capacidad de observación y comunicación.
Por último, es importante destacar que Voyager 2 ya tuvo que desactivar un instrumento para ahorrar energía en 2023 y presenta desafíos similares a los de su hermana, aunque la NASA mantiene la esperanza de prolongar sus años activos mediante estas medidas.
