China ha presentado el proyecto Lingshen, un superordenador exaescala que aspira a superar los 2 ExaFLOPS de rendimiento sostenido usando únicamente procesadores centrales (CPU) diseñados y fabricados en el país, sin recurrir a aceleradores gráficos (GPU) ni componentes extranjeros. Este planteamiento representa una aproximación diferente a la de otros sistemas exaescala, que dependen en gran medida de la combinación de CPU y GPU para alcanzar esa escala de procesamiento.
El anuncio fue realizado por el Centro Nacional de Supercomputación de Shenzhen durante una conferencia el 24 de abril. Según explicaron, Lingshen integrará un total de 47.000 procesadores distribuidos en 92 armarios de cálculo, siendo así el primer superordenador exaescala que pretende operar exclusivamente con CPU.
Una arquitectura sin GPUs: desafío y diferencias
La mayoría de los superordenadores exaescala en funcionamiento hoy día usan hardware acelerador como GPUs para maximizar el rendimiento. Por ejemplo, El Capitan, el sistema más rápido del mundo en la actualidad y gestionado por el Departamento de Energía de Estados Unidos, utiliza 44.544 unidades de procesamiento acelerado (APUs) AMD MI300A que combinan CPU y GPU en un solo chip. En cambio, Lingshen plantea que solo con CPUs será posible alcanzar o superar 2 ExaFLOPS, lo que supone un enfoque técnico y estratégico distinto.
Lu Yutong, director del centro y diseñador principal del sistema, presentó los detalles técnicos del proyecto, que actualmente se divide en dos fases: una piloto para verificación y un sistema de producción final.
Fases y especificaciones técnicas
En la etapa piloto, se instalarán 100 servidores Huawei Kunpeng basados en núcleos Arm Taishan con un total de 12.800 núcleos. Para la fase de producción, se escalará hasta 1.580 servidores blade con CPUs x86 que sumarán más de 101.000 núcleos, ofreciendo un pico teórico superior a los 10 petaflops. El sistema completo incluirá además equipamiento para interconexión de cerca de un millón de puertos, 650 petabytes de almacenamiento repartidos en 428 nodos, y un sistema refrigerado por líquido para soportar un ancho de banda de 10 TB/s en 67 armarios dedicados al almacenamiento.
Cuestionamientos y limitaciones en las promesas chinas
Es importante destacar que la cifra de 2 ExaFLOPS sostenidos es una previsión y no hay pruebas de benchmark disponibles, dado que el sistema aún no se ha construido. En comparación, El Capitan tiene un rendimiento medido en Linpack de 1,809 ExaFLOPS, con un pico teórico de 2,79 ExaFLOPS. La afirmación china de alcanzar 2 ExaFLOPS con solo CPUs resulta ambiciosa, y la ausencia de uso de GPUs implica retos técnicos significativos. Hasta la fecha, ninguna otra planta exaescala ha confiado exclusivamente en esta arquitectura para competir en rendimiento.
Además, hay debate sobre el uso de CPUs x86 fabricadas localmente sin depender de tecnología extranjera. China dispone de opciones limitadas en ese formato, principalmente los procesadores Zhaoxin y Hygon. El primero es una colaboración entre la empresa VIA Technologies y el gobierno municipal de Shanghái, mientras que el segundo tuvo acceso inicial a la arquitectura Zen de AMD, pero las restricciones comerciales impuestas por Estados Unidos impiden su actualización y desarrollo competentes con las marcas líderes actuales como Intel y AMD.
En los materiales publicados por el centro no se especifica el calendario de producción ni los proveedores concretos de esos chips x86, otorgando así dudas sobre la viabilidad práctica y el grado de independencia tecnológica real del proyecto.
Perspectivas y contexto tecnológico
El impulso a construir un superordenador exaescala totalmente con componentes locales refleja la intención de China por reducir su dependencia tecnológica extranjera en un entorno de creciente tensión comercial y tecnológica global. No obstante, este esfuerzo se enfrenta a obstáculos técnicos y de madurez en diseño de procesadores propios para competir al nivel esperado en supercomputación.
Si bien la ejecución de Lingshen podría tener impacto en el desarrollo de procesadores en China y su ecosistema de hardware, la incertidumbre sobre su plazos, rendimiento real y aplicación práctica hace prudente un análisis crítico y escéptico sobre el anuncio inicial.
El proyecto abre preguntas relevantes sobre la evolución de la arquitectura en supercomputación y la autonomía tecnológica, pero también sobre las limitaciones inherentes a un camino tan retador en esta escala y complejidad.
En resumen, Lingshen ejemplifica las aspiraciones chinas en supercomputación mientras evidencia las dificultades tecnológicas y estratégicas de construir un sistema exaescala sin GPUs ni componentes extranjeros en el contexto actual.
