Dinamarca ha decidido pausar temporalmente la aprobación de nuevas conexiones eléctricas para centros de datos tras recibir solicitudes que en total suman 60 gigavatios (GW), una cifra que supera ampliamente la capacidad actual de la red eléctrica del país.
Esta medida, tomada por el operador danés Energinet, responde a un incremento súbito y masivo de solicitudes de conexión, especialmente relacionadas con centros de datos, que representan 14 GW del total. Para ponerlo en perspectiva, la capacidad de consumo pico en Dinamarca ronda los 7 GW, por lo que el volumen de solicitudes superó con creces la posibilidad de suministro.
La saturación de la red y sus causas
La paradoja danesa radica en que, pese a contar con una red diseñada para aprovechar su elevada producción de energías renovables y sus condiciones climáticas favorables, la demanda derivada de la expansión de centros de datos ha resultado insostenible.
Energinet ha anunciado que la pausa se prolongará inicialmente durante tres meses, aunque existe la posibilidad de que esta moratoria se extienda. Durante este tiempo, se llevará a cabo una revisión exhaustiva para reajustar prioridades y evaluar la capacidad real de la red, así como para explorar propuestas regulatorias que permitan gestionar mejor este tipo de demandas. Modelos de países como Irlanda y Países Bajos, que ya han enfrentado problemas similares, podrían servir de referencia.
¿Realidad o expectativas infladas?
Es importante destacar que la cifra de 60 GW representa la demanda total de conexión solicitada y no la potencia que se prevé consumir en régimen permanente. Según la Asociación Danesa de la Industria de Centros de Datos (DDCI), se estima que la capacidad instalada para computación en Dinamarca en 2030 será de aproximadamente 1,2 GW, menos del 10% de lo solicitado.
Además, más allá de los centros de datos, los restantes 44 GW corresponden a otros usos, como grandes infraestructuras de almacenamiento de energía o instalaciones power-to-X, que también compiten por recursos limitados en la red eléctrica.
El contexto energético europeo y la competencia por la red
La situación en Dinamarca refleja un fenómeno común en países con elevada capacidad renovable: la red eléctrica se ve sometida a una presión creciente por múltiples frentes. El auge de los vehículos eléctricos en Europa, impulsado en parte por la reciente escalada del precio del petróleo tras el conflicto en Irán, añade una carga adicional al sistema.
El director de DDCI, Henrik Hansen, ha calificado la acumulación de solicitudes como una «fantasía» y reclama criterios más claros para priorizar estas conexiones. En paralelo, expertos de la empresa Schneider Electric han descrito esta competencia como unos «juegos del hambre» energéticos entre centros de datos y otros sectores económicos.
Medidas similares a las que Dinamarca está valorando ya han sido adoptadas en Irlanda. Su marco regulatorio de 2025 exige que los nuevos centros de datos de más de 10 MW generen parte de su propia electricidad, contribuyan con excedentes a la red y garanticen que un 80% de su demanda anual se cubra con renovables.
En el panorama global, Dinamarca se suma a países y regiones como los Países Bajos, Irlanda, Singapur, la región de Frankfurt en Alemania y diversos estados de Estados Unidos que buscan contener el impacto descontrolado del crecimiento de centros de datos vinculados a la inteligencia artificial.
Retos y posibles escenarios
La moratoria en Dinamarca abre una ventana para reflexionar sobre las limitaciones actuales de las redes eléctricas ante el auge del sector tecnológico y energético. Si no se logran soluciones a medio plazo que aumenten la capacidad o optimicen la gestión, las grandes empresas vinculadas a inteligencia artificial podrían verse abocadas a desplazar sus infraestructuras a otras regiones con mejor capacidad eléctrica.
Este escenario plantea un debate más amplio sobre el equilibrio entre la sostenibilidad energética, la digitalización y el desarrollo económico. También invita a repensar la planificación energética nacional y europea para garantizar que las infraestructuras soporten la creciente demanda sin comprometer la estabilidad del suministro.
