El centro de datos de IA aprobado en Utah podría llegar a consumir 9 GW, más del doble de la demanda eléctrica media de todo el estado. La instalación, vinculada a O’Leary Digital, aspira a operar fuera de la red y apoyarse en gas natural, un planteamiento que vuelve a poner el foco sobre el coste energético de la infraestructura para inteligencia artificial.
La autoridad militar de desarrollo de Utah, MIDA, dio luz verde este viernes a un acuerdo para el campus, situado en el condado de Box Elder. El proyecto, llamado Stratos, ocupa una escala poco habitual incluso para el segmento hiperescalar: 40.000 acres de terreno privado y otros 1.200 acres de propiedad militar y estatal.
Un centro de datos de IA fuera de la red eléctrica
Según la información publicada por el Salt Lake Tribune, la primera fase prevé unos 3 GW de generación, mientras que el diseño completo aspira a 9 GW. La energía se produciría íntegramente en el propio complejo mediante una conexión al Ruby Pipeline, un gasoducto interestatal de 680 millas que atraviesa el norte de Utah en su ruta desde Wyoming hasta Oregón.
Paul Morris, director ejecutivo de MIDA, aseguró ante los comisionados del condado que la instalación “no tomará ni un electrón” de la red existente. También sostuvo que, en el futuro, el proyecto podría devolver excedentes al sistema eléctrico general si la producción supera la demanda del campus.
El argumento no es menor. En un momento en el que muchas tecnológicas compiten por capacidad energética para alimentar centros de datos de IA, la idea de construir generación propia evita esperas largas para conseguir conexión con la red. A cambio, traslada buena parte del riesgo económico, técnico y ambiental al promotor del proyecto y a la zona que lo alberga.
El coste fiscal del centro de datos de IA en Utah
Para atraer operadores hiperescalables, MIDA aceptó rebajar el impuesto energético del proyecto del 6% al 0,5% y devolver a O’Leary Digital el 80% de la recaudación del impuesto sobre la propiedad generada por el desarrollo. Pese a esas condiciones favorables, Morris calculó unos 30 millones de dólares anuales para el condado de Box Elder durante la fase inicial y más de 100 millones cuando el campus alcance su capacidad total.
La propia autoridad de desarrollo estima que la recaudación estatal por impuesto sobre ventas asociada a los centros de datos rondaría los 250 millones de dólares al año. Además, el proyecto promete 2.000 empleos permanentes en el condado una vez concluida la construcción.
Ese tipo de cifras suele presentarse como prueba del impacto positivo de una inversión de este tamaño, pero conviene matizarla. Los puestos de trabajo directos en un centro de datos de IA no suelen crecer al mismo ritmo que su capacidad eléctrica o su superficie. El beneficio local, por tanto, depende tanto del número de empleos como de la calidad de los contratos, la estabilidad del operador y la duración real de la actividad industrial.
La carrera por la capacidad energética
O’Leary defendió el proyecto por videoconferencia y lo enmarcó en la competencia tecnológica con China. Según declaró al consejo, China habría construido 400 GW de nueva potencia en los últimos 24 meses, en gran parte para alimentar centros de datos de IA. Su mensaje fue claro: Estados Unidos necesita más infraestructura energética si quiere competir en este terreno.
El planteamiento encaja con una tendencia cada vez más visible. SoftBank prepara en Ohio un campus de 10 GW con turbinas de gas, mientras Meta ha comprometido financiación para siete nuevas plantas de gas natural que sostendrían una instalación de 7 GW en Luisiana. El proyecto de Utah se situaría en medio de ambos por capacidad bruta, aunque con una diferencia importante: todavía no se ha anunciado públicamente ningún inquilino hiperescalable.
Ese vacío es relevante. Amazon, Microsoft y Google siguen siendo los tres mayores operadores de infraestructura cloud hiperescalable en Estados Unidos, con Meta y Apple también en posiciones destacadas. Sin un cliente confirmado, el proyecto sigue siendo una apuesta muy ambiciosa sobre el papel.
Un proyecto enorme, pero aún con incógnitas
La comisión del condado aplazó su voto final desde el viernes hasta hoy, y el desarrollo sigue sin contar con un nombre concreto asociado a su futura ocupación. Eso deja abiertas varias preguntas sobre financiación, contratos de suministro, plazos de construcción y capacidad real de ejecución en una obra de este tamaño.
O’Leary Digital también trabaja en otro campus complementario en Wonder Valley, Alberta, anunciado en 2024 y todavía sin inicio de obra. El paralelismo sugiere una estrategia de expansión basada en grandes complejos autosuficientes para IA, pero también muestra que la distancia entre un acuerdo aprobado y una instalación operativa sigue siendo considerable.
Lo relevante de este centro de datos de IA no es solo su escala, sino el modelo que propone: generación energética propia, uso de gas natural y fuertes incentivos fiscales para captar clientes. Si el proyecto avanza, puede convertirse en un ejemplo de cómo se están reordenando la infraestructura digital y la política energética alrededor de la inteligencia artificial. Si se atasca, servirá como recordatorio de que la carrera por construir potencia no siempre se traduce en capacidad útil real.
