La industria del videojuego atraviesa un episodio poco habitual de controversia y tensión: Mark Gerhard, co-CEO de Build a Rocket Boy, ha denunciado públicamente una supuesta campaña de sabotaje valorada en más de un millón de euros dirigida a desprestigiar a MindsEye, el título de acción y aventuras que el estudio lanzó tras un proceso problemático.
Este alegato adquiere relevancia ahora, cuando el estudio intenta consolidar la reputación de MindsEye tras una serie de dificultades en su lanzamiento, y se conoció que la misma dirección ha implementado medidas internas controvertidas para supervisar a empleados ante sospechas de filtraciones.
Operación de sabotaje contra MindsEye: denuncias y señalamientos
Gerhard reveló en una reunión interna, cuyo audio fue filtrado recientemente, que Build a Rocket Boy identificó a los supuestos instigadores de una campaña coordinada para socavar la imagen del videojuego. Según afirmó, esta maniobra habría contado con respaldo económico superior al millón de euros, destinado a financiar a terceros que propagarían información negativa.
En su relato, el directivo implicó a una «gran empresa americana», distinta a la que inicialmente el público podría imaginar, la cual presuntamente contrató a Ritual Network, una agencia británica, para llevar a cabo la campaña de desprestigio. Esta operación habría incluido pagos a varios influencers, periodistas y también a algunos empleados, con el objetivo de erosionar la confianza de usuarios y críticos en MindsEye.
Pese a estas imputaciones, Ritual Network negó cualquier implicación, describiéndose únicamente como una plataforma de apoyo para creadores y rechazando su vinculación con dicha campaña.
También cabe destacar que Build a Rocket Boy está tramitando denuncias formales por espionaje, sabotaje y interferencia criminal, y anunció que en breve se notificará a los implicados, evidenciando la gravedad con que toman estos hechos.
Control interno cuestionado: instalación de software de vigilancia
Paralelamente, la controversia no se limita a factores externos. Para protegerse de posibles filtraciones y actos desleales desde dentro, la dirección de Build a Rocket Boy decidió instalar sin previo aviso en los ordenadores del personal un programa de vigilancia cibernética, identificado extraoficialmente como Teramind.
Este software monitoriza exhaustivamente la actividad informática, incluyendo la pulsación de teclas y el contenido mostrado en pantalla, con el fin de identificar amenazas internas. Gerhard reconoció el uso de esta herramienta, admitiendo que ha generado un ambiente de desconfianza y malestar entre los trabajadores, pero justificó su empleo ante la gravedad de la situación y por el preocupante 0,1 % de la plantilla que consideró problemático.
El ejecutivó anunció asimismo que esta medida sería temporal y esperan desinstalar el software en el plazo de tres meses, coincidiendo con un periodo crítico para el estudio.
Respuesta creativa: convertir la crisis en narrativa del videojuego
En un gesto poco habitual, Gerhard adelantó que el equipo planea integrar la historia de este presunto sabotaje en el propio videojuego MindsEye. Pretenden crear una misión de espionaje basada en los nombres y acontecimientos vinculados a la operación, con la intención de tomar el control de la narrativa y compartir la versión del estudio con la comunidad antes de que las denuncias se resuelvan judicialmente.
Esta decisión refleja un doble frente: aunque la situación mediática complica la imagen de MindsEye, los trabajadores continúan enfocados en mejorar la experiencia de juego, evidenciado por la reciente séptima actualización lanzada para corregir errores.
La polémica llega además en un momento en que se rumorea una posible ruptura con IO Interactive, colaborador del proyecto, lo que podría afectar la estabilidad futura del título.
El caso de MindsEye revela las complejidades y tensiones que puede enfrentar un estudio de desarrollo de videojuegos cuando factores externos e internos confluyen en una crisis. Más allá de la dimensión judicial y mediática, estas circunstancias ponen en entredicho la cultura laboral y la gestión de la propiedad intelectual en un sector donde la presión es constante.
Es significativo observar cómo la empresa aborda la comunicación con su comunidad y plantilla, buscando una forma no convencional de narrativa que podría influir en la percepción pública del juego y del propio estudio.
La evolución de este caso y las decisiones que tome Build a Rocket Boy marcarán un precedente respecto a la gestión de conflictos en la industria, la privacidad laboral y el impacto de las campañas mediáticas orientadas a modificar la confianza de jugadores y socios. Mientras tanto, la comunidad permanece atenta a próximos movimientos y actualizaciones de MindsEye.
