Assassin’s Creed Hexe ha perdido a su director de juego, Benoit Richer, apenas un mes después de la salida de su director creativo, Clint Hocking. La noticia vuelve a poner el foco en un proyecto del que Ubisoft sigue ofreciendo muy pocos detalles y en el que la cadena de cambios en puestos clave no ayuda a transmitir estabilidad.
La marcha de Richer se conoció después de que él mismo la anunciara en LinkedIn. Según la información recogida por IGN, el ejecutivo ya forma parte de Servo Games, un nuevo estudio fundado junto a otros tres exdesarrolladores de Ubisoft: Luc Tremblay, Danny Marcoux y Alex Droun.
Assassin’s Creed Hexe pierde peso en su dirección
La salida de Richer es relevante no solo por el cargo que ocupaba, sino por el momento en el que se produce. Assassin’s Creed Hexe ya había sufrido en febrero la marcha de Clint Hocking, su director creativo, que fue sustituido de inmediato por Jean Guesdon, responsable de Assassin’s Creed IV: Black Flag.
Ubisoft, por ahora, no ha hecho pública la sustitución de Richer al frente de la dirección de juego. En una producción de esta escala, la ausencia de una comunicación clara sobre quién toma el relevo suele alimentar más preguntas que respuestas, sobre todo cuando se acumulan movimientos en puestos de decisión.
No hay indicios públicos de que el desarrollo esté bloqueado, pero sí de que el equipo atraviesa una etapa de reorganización. Y en un juego tan reservado como Assassin’s Creed Hexe, cualquier cambio interno adquiere más peso porque apenas existen referencias concretas para medir cómo avanza el proyecto.
Un proyecto del que Ubisoft apenas ha enseñado una idea
Lo que se sabe de Assassin’s Creed Hexe sigue siendo muy limitado. Ubisoft lo presentó en 2022 con una estética claramente marcada por la brujería, incluido un tráiler con una versión retorcida del símbolo de la orden de los Asesinos. Más allá de esa primera imagen, la compañía no ha detallado su propuesta jugable.
La editora sí ha apuntado que será un título diferente de la etapa de mundo abierto y rol de la saga iniciada con Assassin’s Creed Origins en 2017. Esa frase, sin embargo, deja margen para casi cualquier interpretación: puede referirse al ritmo, a la estructura, al tono o incluso a la escala del juego. De momento, no hay una explicación más concreta.
La falta de información también complica leer el efecto real de estas salidas. En otros proyectos, un cambio de liderazgo puede encajar en una reorganización normal. En Assassin’s Creed Hexe, donde apenas se ha mostrado material y el desarrollo parece muy hermético, dos marchas de nivel directivo en pocos meses generan una sensación menos cómoda para cualquier seguimiento periodístico.
Qué lectura deja esta racha de salidas en Ubisoft
La situación de Assassin’s Creed Hexe se suma a un contexto más amplio dentro de la franquicia. Marc-Alexis Côté, hasta hace poco responsable global de la saga, dejó Ubisoft el año pasado y después presentó una demanda contra la empresa por despido constructivo, una figura legal que en la práctica alude a una salida forzada por unas condiciones de trabajo hostiles. Côté reclama 1,3 millones de dólares canadienses.
Ese conflicto no afecta de forma directa al desarrollo de Assassin’s Creed Hexe, pero sí ayuda a entender un entorno corporativo en el que las transiciones de liderazgo no son precisamente anecdóticas. Cuando varios nombres relevantes salen de una misma estructura en un periodo relativamente corto, la lectura externa suele ir más allá del caso individual.
Conviene, aun así, evitar conclusiones precipitadas. La industria del videojuego mueve a sus responsables con frecuencia, y una salida no implica por sí sola que un proyecto esté en problemas. Pero Assassin’s Creed Hexe ya acumula suficientes cambios como para que la pregunta no sea si ha habido movimiento, sino qué tipo de producción está construyendo Ubisoft y en qué punto real se encuentra.
Por ahora, el juego sigue siendo una incógnita. Y mientras la compañía no enseñe más sobre su jugabilidad o concrete quién se queda al frente, Assassin’s Creed Hexe seguirá definiéndose tanto por lo que no muestra como por las dudas que deja a su paso.
