Ubisoft atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. La compañía francesa ha cerrado su año fiscal 2025-2026 con pérdidas netas de 1.475,2 millones de euros, una cifra que supera ampliamente su capitalización bursátil actual, situada en torno a los 600 millones de euros según datos recientes de mercado.
El golpe no llega aislado. Ubisoft también ha registrado una caída de ingresos, consumo de caja, cancelaciones de proyectos y una hoja de ruta más ligera de lo esperado para el próximo ejercicio. En ese escenario, la empresa plantea una salida basada en tres ideas: menos juegos en desarrollo, más control sobre los costes y una apuesta más fuerte por la inteligencia artificial.
Ubisoft pierde 1.475 millones y retrasa su recuperación financiera
Las cifras del ejercicio fiscal son duras. Las ventas IFRS 15 bajaron de 1.785,3 a 1.395,7 millones de euros, mientras que los net bookings pasaron de 1.846,4 a 1.525,1 millones, un retroceso del 17,4%. El resultado operativo IFRS fue de -1.322,3 millones, y el resultado operativo non-IFRS se situó en -1.044,7 millones.

El cuarto trimestre tampoco ayuda a suavizar la lectura. Ubisoft cerró el periodo con 415 millones de euros en net bookings, un 54% menos interanual, aunque la compañía matiza que la comparación era especialmente exigente por el lanzamiento de «Assassin’s Creed Shadows» y mayores ingresos por acuerdos de colaboración en el ejercicio anterior.
La empresa insiste en que parte del deterioro responde a decisiones deliberadas dentro de su reestructuración. Es decir, cancelaciones, retrasos y ajustes internos que buscan limpiar la cartera de proyectos. El problema es que, aunque esa explicación puede tener sentido desde el punto de vista contable, no elimina la cuestión de fondo: Ubisoft lleva años intentando recuperar la confianza de jugadores e inversores, y cada nuevo reajuste parece aplazar otra vez esa recuperación.
De hecho, la compañía ya no espera volver a generar flujo de caja libre positivo y EBIT non-IFRS positivo hasta el ejercicio 2027-2028. Para 2026-2027 prevé un año todavía débil, con caída de net bookings en un dígito alto, margen operativo non-IFRS negativo y consumo de caja libre de hasta 500 millones de euros.
Ese dato es especialmente relevante porque muestra que el bache no se limita al pasado ejercicio. Ubisoft no solo ha presentado malos resultados, también está avisando de que el próximo año fiscal seguirá siendo complicado.
La IA de Ubisoft no puede tapar un problema de confianza
Dentro de su plan de transformación, Ubisoft asegura que ha cancelado 7 proyectos y retrasado 6 más para concentrarse en lanzamientos con mayor potencial. También está reorganizando su estructura alrededor de nuevas “creative houses” y de Vantage Studios, el nuevo vehículo vinculado a sagas clave como «Assassin’s Creed» y «Far Cry», impulsado tras la operación estratégica con Tencent y una inyección de 1.160 millones de euros.
La parte más llamativa del discurso está en la inteligencia artificial. Ubisoft afirma que está acelerando sus inversiones en Teammates, su primera experiencia jugable de IA generativa, y en herramientas internas pensadas para mejorar control de calidad, producción, bots, NPC y mundos más reactivos. La compañía también cita el trabajo de La Forge, su división de I+D, como base para aplicar IA y aprendizaje automático en sus procesos creativos.
Sobre el papel, tiene lógica. El desarrollo de videojuegos AAA es cada vez más caro, más lento y más difícil de escalar. Una IA bien aplicada puede ayudar a detectar errores, reducir tareas repetitivas, acelerar prototipos o mejorar ciertos comportamientos dentro del juego. El problema es venderla como una de las grandes respuestas justo después de presentar unas pérdidas históricas.
Ubisoft no está en apuros por no haber usado suficiente IA. Está en apuros porque ha encadenado años de lanzamientos irregulares, retrasos, cancelaciones, costes elevados y una relación complicada con una parte de su comunidad. La tecnología puede ayudar a producir mejor, pero no sustituye algo mucho más básico: hacer juegos que generen entusiasmo real y lleguen al mercado en buen estado.
La compañía todavía conserva activos muy potentes. «Assassin’s Creed», «Far Cry», «Rainbow Six», «The Division», «Ghost Recon» o «Splinter Cell» siguen siendo marcas reconocibles. Además, algunos servicios en vivo continúan ofreciendo resultados sólidos, con «Rainbow Six Siege» como uno de los ejemplos más claros de resistencia dentro del catálogo de Ubisoft.
Pero el margen de error se ha estrechado mucho. Ubisoft necesita que su próxima etapa no parezca otro plan de transformación más, sino un cambio tangible en la calidad, el ritmo y la dirección de sus lanzamientos. La IA puede formar parte de ese proceso, pero no debería convertirse en el titular que tape lo evidente: el mercado ya no está premiando las promesas, y los jugadores tampoco parecen dispuestos a hacerlo indefinidamente.
El verdadero examen llegará cuando esos proyectos reajustados empiecen a salir. Si la compañía logra convertir el recorte de cartera en juegos más cuidados, la estrategia tendrá sentido. Si solo sirve para producir más rápido, con menos riesgo creativo y más dependencia de sus sagas habituales, Ubisoft podría encontrarse con el mismo problema de siempre, pero envuelto en una capa tecnológica más moderna.

