Matt Ryan Assassin’s Creed fue, en su momento, un malentendido afortunado: el actor británico llegó a la prueba creyendo que estaba optando a una serie de televisión sobre piratas y terminó como la voz y el rostro de Edward Kenway en Assassin’s Creed IV: Black Flag.
La anécdota la contó el propio Ryan en una entrevista: la oferta llegó «pintada» como una serie para mantener en secreto la secuela del popular juego. Cuando le dijeron la verdad —que era un videojuego y que implicaba captura de movimiento— se mostró entusiasmado. Para él fue importante poder «estar en el cuerpo» del personaje.
Del casting en sigilo a la experiencia en mocap
Según Ryan, la primera impresión fue curiosa: su agente le presentó el proyecto como una serie de piratas y la directora de casting Amy Hubbard lo metió en la sala. Tras un callback le explicaron que en realidad era un proyecto de Ubisoft. La sorpresa vino al confirmarle que habría captura de movimiento, algo que le entusiasmó porque le permitía encarnar físicamente al personaje.
El trabajo de Ryan implicó desplazamientos entre el Reino Unido y el estudio de Ubisoft en Montreal, donde se desarrolló Black Flag. Pasó «todas las temporadas en Montreal», en sus propias palabras, una forma de referirse al tiempo continuado que supuso meterse en la piel de Edward Kenway.
El impacto del personaje y el encuentro con el fandom
Un año después de Black Flag, Ryan encadenó otro papel reconocible: John Constantine en la adaptación televisiva del cómic. Fue durante sus primeras Comic-Con cuando se dio cuenta de la huella que había dejado Edward Kenway.
Fans disfrazados, líneas citadas y trajes que tardan meses en construirse fueron detalles que le sorprendieron. Para Ryan, la diferencia entre actuar en teatro, cine y videojuegos radica en el tiempo que el público pasa con el personaje: «Con un videojuego, pasan mucho tiempo contigo», comentó, y eso explica la intensidad del vínculo con algunos jugadores.
La historia de Ryan ilustra dos rasgos habituales en producciones de alto perfil: la cautela de las compañías a la hora de proteger sus proyectos y el atractivo que tiene la captura de movimiento para actores acostumbrados a medios tradicionales. También subraya que un título puede ganar una vida propia gracias a su comunidad: los cosplayers de Edward Kenway son una prueba visible de ello.
No es un detalle menor: Black Flag siguió siendo uno de los títulos más recordados de la serie, y la participación de actores como Ryan contribuyó a dar una presencia más cinematográfica y física a los protagonistas. Para el público y para el propio actor fue, a la vez, un experimento y una confirmación del potencial narrativo del medio.
Ryan ha recuperado el papel en diversas ocasiones y ha seguido vinculándose con Constantine en animación, pero la anécdota del inicio —una audición presentada como serie pirata que resultó ser un videojuego en mocap— queda como una curiosidad sobre cómo se gestionan los grandes proyectos y cómo un malentendido puede convertirse en una oportunidad creativa.
