El Irtysh C632 ha conseguido mover The Witcher 3: Wild Hunt a unos 30 fotogramas por segundo, pero la prueba deja más dudas que aplausos. La demostración, realizada por el canal PRO Hi-Tech, muestra que el chip puede con el juego, aunque a costa de evidenciar un cuello de botella muy claro en la CPU.
La noticia tiene interés porque el Irtysh se presenta como un procesador ruso, pero en realidad se apoya en la arquitectura LoongArch de Loongson, una base china. En un contexto marcado por las sanciones de Estados Unidos y la dificultad de Rusia para acceder a procesadores x86 de Intel o AMD, este tipo de chips se ha convertido en una solución de compromiso.
Irtysh y LoongArch: una dependencia menos visible de lo que parece
Los procesadores Irtysh no son especialmente conocidos fuera de Rusia, y precisamente por eso esta prueba llama la atención. Aunque el discurso comercial los sitúa como un avance tecnológico propio, su desarrollo se apoya en la propiedad intelectual de Loongson y en la arquitectura LoongArch, que todavía está lejos de la madurez de x86 o Arm.
En la práctica, eso significa que el ecosistema de software es más limitado, la compatibilidad con aplicaciones y juegos es peor y el margen para optimizar rendimiento es mucho menor. Esa combinación explica por qué un chip con 32 núcleos y 64 hilos no se traduce automáticamente en una experiencia sólida en juegos.
El modelo probado, el Irtysh C632, se sitúa dentro de una familia que también incluye los C664 y C616. Según la información disponible, el C632 trabaja a 2,1 GHz, integra 64 MB de caché L3 y tiene un TDP situado entre 180 y 200 W. Sobre el papel, son cifras respetables; en una prueba real, el resultado es mucho más modesto.
The Witcher 3 en Irtysh: rendimiento justo y muchas sombras
La demostración colocó al Irtysh C632 junto a una Radeon RX 9600 XT y ejecutó The Witcher 3 con ajustes altos y bajos. El rendimiento osciló entre 22 y 32 FPS en ultra y entre 25 y 38 FPS en bajo. La diferencia entre calidades gráficas fue pequeña, lo que suele indicar que la limitación principal no está en la GPU, sino en la CPU.
Ese dato es importante porque la tarjeta gráfica, en condiciones normales, debería dar bastante más margen. Tomando como referencia un sistema con un procesador convencional y bien optimizado, la misma GPU puede superar ampliamente los 100 FPS en ese juego a 1080p con ajustes bajos. Aquí, en cambio, la tasa de imágenes se queda muy por debajo de lo esperable.
Faltan además detalles relevantes de la prueba, como la resolución exacta y si se utilizó la versión original del juego o la actualización de nueva generación. La imagen sugiere una captura en 1080p, pero sin esos datos el resultado debe interpretarse con cautela. Aun así, el patrón es claro: el hardware gráfico no parece ser el problema principal.
Un problema de compatibilidad más que de potencia bruta
El rendimiento de Irtysh no puede analizarse solo por sus especificaciones. La arquitectura LoongArch no es compatible de forma nativa con Windows, de modo que Linux se convierte prácticamente en la única opción viable para estos equipos. Eso obliga a sumar capas de traducción para ejecutar juegos pensados para x86.
En un caso como The Witcher 3, es probable que la ejecución haya requerido herramientas como Box64 y la capa de compatibilidad Proton o Wine. Cada una de esas capas añade sobrecarga, complica la estabilidad y penaliza el rendimiento final. Por eso, aunque el chip tenga muchos núcleos, la experiencia no puede compararse con la de una plataforma consolidada.
Conviene subrayar que esto no es únicamente una cuestión de frecuencia o número de núcleos. En juegos, la madurez del ecosistema, las optimizaciones del sistema operativo y la calidad de las traducciones de instrucciones importan casi tanto como la potencia en bruto. Y ahí es donde Irtysh todavía se encuentra en clara desventaja.
Un paso político y técnico, pero no una alternativa real para jugar
Rusia no puede comprar legalmente procesadores x86 de alto rendimiento a Intel o AMD por las sanciones vigentes. Eso la obliga a buscar soluciones propias o a apoyarse en socios como China. En ese contexto, Irtysh sí supone un paso relevante desde el punto de vista estratégico: permite construir una base de hardware menos dependiente de Occidente.
Pero eso no convierte al C632 en una opción competitiva para juegos. La prueba con The Witcher 3 deja claro que el chip sigue muy lejos de los procesadores generalistas actuales, incluso antes de entrar en comparaciones con los modelos de gama alta. Su valor está más en la soberanía tecnológica y en la sustitución de importaciones que en el rendimiento lúdico.
También hay que tener presente que estos procesadores incorporan características pensadas para el mercado ruso, como módulos de seguridad fabricados localmente. Es un enfoque coherente con la estrategia de autonomía tecnológica, pero que no resuelve por sí solo los problemas de compatibilidad ni de optimización que arrastra la plataforma.
La prueba del Irtysh C632 no demuestra que Rusia haya encontrado un sustituto real para los chips x86, sino que ha logrado avanzar en una vía alternativa con limitaciones claras. Para tareas específicas y entornos controlados puede tener sentido; para jugar, al menos hoy, sigue muy por detrás de las plataformas consolidadas. Y mientras LoongArch no gane madurez de software y compatibilidad, ese desfase seguirá siendo parte esencial de la ecuación.
