Intel ha presentado un trimestre mejor de lo previsto y su acción se ha disparado en bolsa tras publicar unos resultados que superan sus propias previsiones. La compañía ha mejorado ingresos, márgenes y expectativas, aunque sigue arrastrando pérdidas contables importantes y un negocio de fundición todavía lejos de la rentabilidad.
La reacción del mercado refleja que los inversores ven señales de estabilización en su negocio principal, sobre todo en procesadores para centros de datos y en el mercado de consumo. Sin embargo, el avance de Intel no es homogéneo: la recuperación comercial convive con costes de reestructuración, presión en la fabricación y un camino largo para su división de fundición.
Intel mejora ingresos y márgenes, pero sigue en números rojos
En el primer trimestre, Intel ingresó 13.600 millones de dólares, un 7% más que hace un año y prácticamente igual que en el trimestre anterior, algo poco habitual en un periodo que suele ser más débil por estacionalidad. La compañía también elevó su margen bruto hasta el 39,4%, frente al 36,9% del mismo periodo del año pasado.
El beneficio operativo ajustado fue positivo, con 1.500 millones de dólares en ingresos netos no ajustados por normas GAAP, pero las cuentas oficiales siguieron en rojo. Intel registró una pérdida GAAP de 3.700 millones, muy por encima de la de hace un año, por cargos contables vinculados a la reestructuración y a la depreciación del fondo de comercio de Mobileye.
Más allá del titular, el dato relevante es que el negocio central de Intel muestra signos de mejora. La compañía generó 1.100 millones de dólares en caja procedente de operaciones, una señal de que la actividad ordinaria está aguantando mejor que en ejercicios anteriores.
Intel: los procesadores vuelven a ganar peso en la demanda
La división Client Computing Group, que agrupa su negocio de PC, facturó 7.700 millones de dólares y logró un margen operativo del 32,6%. Son cifras algo mejores que las del mismo trimestre del año anterior y apuntan a una demanda más estable de lo que el propio sector esperaba en un contexto de inflación y tensión en la cadena de suministro.
Intel asegura que su oferta sigue sin cubrir toda la demanda, en parte porque está reasignando capacidad hacia productos para centros de datos. Aun así, la empresa subraya que sus procesadores para ordenadores con funciones de inteligencia artificial ya representan más del 60% de su mezcla de CPU para cliente.
Ese dato es importante por una razón concreta: el mercado del PC no está creciendo de forma explosiva, pero sí está cambiando la composición de la demanda. Intel quiere aprovechar esa transición para sostener precios y márgenes, aunque el riesgo es claro si la industria vuelve a sufrir tensiones en memoria y almacenamiento.
Centros de datos: el negocio más sólido de Intel
La división Data Center and AI fue la más fuerte del trimestre. Facturó 5.100 millones de dólares, un 22% más interanual, y elevó su beneficio operativo hasta 1.500 millones. El margen de la unidad subió hasta el 30,5%, una mejora relevante en un segmento donde Intel compite con AMD y donde Nvidia marca el ritmo de la conversación sobre inteligencia artificial.
Intel sostiene que parte de la demanda de grandes proveedores de nube está virando hacia más uso de CPU junto a aceleradores, a medida que las cargas de IA pasan del entrenamiento a la inferencia y a tareas de agentes. La empresa interpreta este cambio como una oportunidad para recuperar peso en el centro de datos, no solo como proveedor complementario, sino como pieza estructural del despliegue de IA.
La lectura es razonable, aunque conviene matizarla: Intel todavía no ha demostrado que ese cambio de ciclo se traduzca en una ventaja sostenida frente a sus rivales. Sí parece claro que su línea de servidores atraviesa una fase más sana que hace un año, apoyada en mejores rendimientos de fabricación y en la producción de sus Xeon 6.
Intel Foundry sigue siendo el gran lastre
El contraste aparece en Intel Foundry, el brazo que fabrica chips tanto para uso propio como para terceros. La división ingresó 5.400 millones de dólares, por encima de los 4.700 millones del mismo trimestre del año pasado, pero también amplió su pérdida operativa hasta unos 2.400 millones. Eso deja un margen cercano al -45%, una cifra difícil de sostener a medio plazo.
Parte de ese deterioro responde al arranque de nuevos nodos, especialmente 18A, que exige inversión, costes de depreciación y un volumen de producción todavía bajo. Intel insiste en que las tasas de rendimiento están mejorando más rápido de lo previsto en sus nodos más recientes, pero esa mejora técnica aún no se traduce en rentabilidad para la fundición.
El problema es conocido: la compañía necesita demostrar que puede fabricar con eficiencia y, al mismo tiempo, atraer clientes externos en suficiente volumen. Por ahora, los ingresos de terceros siguen siendo modestos y no se espera una aportación relevante hasta finales de 2026 o 2027, como mínimo.
Las previsiones de Intel apuntan a más ingresos, pero también a más presión
Para el segundo trimestre, Intel calcula unos ingresos de entre 13.800 y 14.800 millones de dólares y un margen bruto no GAAP en torno al 39%. La previsión es moderadamente positiva y sugiere que la compañía espera mantener el tono en centros de datos y PC.
Pero la propia dirección reconoce varios riesgos. Por un lado, el suministro de memoria y SSD podría tensarse en la segunda mitad del año, encareciendo los equipos y presionando la demanda de ordenadores. Por otro, Intel prevé aumentar entre seis y siete veces la producción de sus procesadores Core Ultra 3 Panther Lake en este trimestre, lo que pesará sobre los márgenes.
En otras palabras, Intel está mejorando en el sitio correcto, pero no todavía de forma barata. La compañía consigue que su negocio principal vuelva a respirar, aunque sigue pagando la factura de una transformación industrial muy costosa. Si logra sostener la mejora de rendimiento de fabricación y convertirla en contratos reales para su fundición, la recuperación ganará consistencia; si no, el mercado seguirá celebrando cada trimestre sólido como una excepción más que como una tendencia consolidada.
