El H200 sigue en el centro del choque tecnológico entre Estados Unidos y China. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, asegura que Nvidia todavía no ha vendido ninguno de estos chips de inteligencia artificial a clientes chinos, pese a que la propia compañía sostiene que ya tiene pedidos y licencias para hacerlo.
La discrepancia es relevante porque muestra que levantar una restricción comercial no garantiza, por sí solo, que el negocio se reactive. Entre los filtros de Washington y las trabas de Pekín, el retorno del chip al mercado chino sigue sin despejarse.
H200: un retorno que no termina de materializarse
Según Reuters, Lutnick afirmó que el Gobierno chino está dificultando la importación de estos chips porque quiere priorizar su industria nacional de semiconductores. En sus palabras, el Ejecutivo de Pekín no ha permitido todavía que las empresas chinas compren el H200.
La versión de Nvidia, sin embargo, apunta en otra dirección. La compañía aseguró el mes pasado, durante GTC 2026, que ya había recibido pedidos y licencias de exportación para varios clientes chinos. Esa diferencia de relato deja una imagen poco clara sobre el estado real de las operaciones.
La clave no es solo si se puede vender, sino si el producto puede entrar físicamente en China y convertirse en negocio real. En este caso, la respuesta sigue siendo ambigua.
El bloqueo chino complica el negocio de Nvidia
Washington permitió de nuevo la exportación de chips de Nvidia a China, pero con una tasa del 25% asociada a esas ventas. Sobre el papel, eso abría la puerta a una recuperación parcial de un mercado que llegó a ser fundamental para la compañía.
El problema es que Pekín no parece dispuesto a facilitar esa vuelta. Las autoridades aduaneras chinas habrían recibido instrucciones para bloquear la entrada de H200, y el acceso habría quedado prácticamente limitado a universidades y laboratorios de investigación y desarrollo.
Al mismo tiempo, el Gobierno chino sigue empujando a las empresas locales a comprar soluciones fabricadas en el país, como las de Huawei, Alibaba, Baidu, Cambricon o Moore Threads. El mensaje es claro: reducir la dependencia del hardware estadounidense incluso si eso implica asumir un ritmo de adopción más lento.
La cuota de Nvidia en China cae con fuerza
Para Nvidia, el impacto va más allá de un modelo concreto. Jensen Huang ya ha advertido en varias ocasiones de que la cuota de mercado de la compañía en China ha bajado por debajo del 60%, lejos del 95% que llegó a tener antes de las sanciones.
Ese retroceso explica por qué el acceso al mercado chino sigue siendo estratégico. Aunque el H200 ya no representa lo último de la marca —por delante están Blackwell y la futura familia Vera Rubin—, continúa siendo un producto con demanda en un país donde la infraestructura de IA crece deprisa.
De hecho, la presión es tal que algunas empresas estarían valorando incluso adquirir estos chips en el mercado negro. Ese extremo refleja la tensión entre la demanda de hardware para IA y la cantidad real de unidades que logran sortear el bloqueo regulatorio.
H200 y la pelea por el control del mercado de IA
El caso del H200 no se entiende sin la disputa de fondo entre dos estrategias industriales. Estados Unidos intenta mantener su ventaja en chips de IA sin perder completamente el acceso al mercado chino. China, por su parte, busca acelerar su capacidad de producción local para depender menos de Nvidia y de otros proveedores estadounidenses.
En paralelo, la tramitación de exportaciones sigue generando dudas. También se ha informado de que las solicitudes pasan por una revisión muy estrecha en la Bureau of Industry and Security, con el subsecretario Jeffrey Kessler supervisando personalmente cada caso. Si eso se confirma, el cuello de botella administrativo sería casi tan importante como el político.
La posición de Huang ha sido conocida. En una conversación en el pódcast de Dwarkesh Patel, el consejero delegado de Nvidia defendió que no se debería prohibir por completo la exportación de chips de IA a China. Su argumento es que una exclusión total podría favorecer a los fabricantes chinos precisamente en el terreno en el que Estados Unidos mantiene ventaja.
Lo que ocurre con el H200 deja una lectura incómoda para Nvidia: aunque exista autorización formal, no hay garantía de venta efectiva. Entre licencias, controles aduaneros y presión industrial, el mercado chino sigue siendo uno de los más difíciles de recuperar para la empresa. Si la situación se mantiene, el valor real de esa reapertura será limitado y el pulso por los chips de IA seguirá desplazándose hacia soluciones locales en China y a nuevos productos de Nvidia fuera de ese país.
