Moto eléctrica plegable 3D: análisis del diseño imprimible

Moto eléctrica plegable 3D: análisis del diseño imprimible

La moto eléctrica plegable 3D de Iván Miranda es un ejercicio de diseño que se imprime en piezas para ensamblar y que, una vez desmontada, cabe en una maleta facturable. El proyecto vuelve a colocar la impresión 3D en el centro del debate sobre movilidad personal: ¿pieza de museo para makers o vehículo funcional?

Diseño y especificaciones clave de la moto eléctrica plegable 3D

Miranda publicó los archivos en su página y los vende como un proyecto de hobby: ivanmiranda.com. El autor reescribió el diseño original para que todas las piezas se impriman en una cama de 300 mm × 300 mm, con referencia de impresora la Prusa CORE One L (300×300×330 mm).

El rediseño elimina ejes de aluminio y una columna de dirección metálica que tenía la primera versión, sustituyéndolos por componentes impresos. También estandariza la iluminación usando casquillos y bombillas T10 automotrices, reduce el número de tornillería distinta y ajusta cada pieza al volumen de impresión elegido.

Peso y propulsión: el chasis ensamblado sin baterías pesa poco más de 14 kg. La tracción trasera se realiza mediante una correa; la aceleración la gestiona un controlador electrónico de velocidad (ESC) que recibe la señal de un potenciómetro lineal de 10K leído por un Arduino.

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Baterías y alimentación auxiliar: la moto usa dos baterías de herramientas inalámbricas de 36V, intercambiables en caliente, y un convertidor DC-DC que baja esos 36V a 12V para el claxon y las luces. Esa decisión persigue dos objetivos: facilidad de transporte y simplificación para pasar por seguridad en aeropuertos.

Ruedas y frenos: las llantas están diseñadas para neumáticos de cortacésped. Miranda imprimió los radios y el ancho de las llantas más estrechos que lo habitual para que las pestañas internas del neumático queden más juntas; al inflarse, la carcasa toma un perfil apropiado para apoyar en curva. Para la frenada optó por discos «floating» de motocicleta en vez de discos de bicicleta, porque permiten un taladro central más ancho por el que pasa el eje impreso sin que se parta.

El creador advierte que la moto es «super fast… way too fast», una alerta no técnica pero clara: el vehículo tiene prestaciones que requieren respeto y control por parte del piloto.

Limitaciones, seguridad y uso práctico

Que la moto sea imprimible y desmontable no la convierte en un producto comercial. Los archivos se venden tal cual y sin soporte técnico. Miranda los describe como un «complicado hobby build»; no hay homologación, garantía ni instrucciones legales sobre su uso en la vía pública.

En la práctica, esto significa varias cosas: primero, quien quiera montar la moto debe tener conocimientos de mecánica básica, electrónica y experiencia en ensamblajes impresos. Muchas piezas críticas —dirección, ejes impresos y anclajes de freno— llevan tensiones y fatiga que difieren mucho de las piezas metálicas tradicionales.

Segundo, la seguridad activa y pasiva está limitada. Los frenos y la geometría están pensados para un vehículo pequeño, no para tráfico urbano denso. El uso de baterías comerciales de 36V facilita transporte, pero también impone atención a gestión térmica y desconexión segura.

Tercero, el correcto comportamiento en curva depende de detalles de montaje y del inflado de los neumáticos. La solución de Miranda para que los neumáticos de cortacésped puedan «curvar» es ingeniosa, pero exige tolerancias y calidad de impresión que no todas las impresoras ni materiales aseguran.

Por último, el tamaño de impresión obligatorio (300×300 mm) descarta impresoras más pequeñas; intentar partir piezas grandes en varias secciones introduce puntos de fallo y requiere pegado y refuerzos mecánicos.

Miranda ganó el concurso de «suitcase-build» en el Prague Maker Faire con la versión original y planeó mostrar el rediseño en eventos como Open Sauce. La línea entre prototipo llamativo y vehículo utilizable sigue muy definida: este proyecto es una invitación a experimentar, no una solución de movilidad lista para el día a día.

Lo que no aclara Miranda todavía es la vida útil estimada de las piezas impresas sometidas a cargas continuas, ni pruebas de choque o fatiga. También queda por ver la legalidad de llevar y usar un vehículo así en distintos países: el hecho de que quepa en una maleta no lo exime de cumplir normativas de tráfico.

Si te interesa construirla, ten en cuenta que se requieren impresoras con cama de 300 mm y experiencia en electrónica y montaje. El proyecto es atractivo para makers que disfrutan llevando diseño y fabricación hasta el límite, pero no es una recomendación para usuarios sin experiencia.

Para más detalles y compra de los archivos, está disponible la página del autor: ivanmiranda.com.

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