Ghost Recon Wildlands, lanzado en 2017 como parte de la saga de Ubisoft, es un shooter táctico en mundo abierto que mantiene un enfoque característico en el caos y la improvisación más allá de su estructura inicial. Aunque han pasado nueve años desde su estreno, este título ofrece una experiencia notable que merece un análisis detenido.
El juego nos sitúa en Bolivia, donde lideramos un equipo de fuerzas especiales estadounidenses con la misión de desmantelar un cartel de drogas. Lo que diferencia a Ghost Recon Wildlands es su enfoque abierto hacia las misiones, que no siempre se desarrollan según el plan establecido, dando lugar a situaciones impredecibles y dinámicas.
Un shooter táctico que premia la improvisación
En su propuesta inicial, Wildlands plantea misiones que combinan sigilo y acción a través de una pequeña pero útil dotación de herramientas como visores nocturnos, drones de reconocimiento y la habilidad «Sync Shot» para coordinar disparos con aliados controlados por la inteligencia artificial. Esta base táctica se amplía con la enorme libertad para abordar objetivos, permitiendo al jugador elegir el orden y modo en que enfrenta a los distintos jefes regionales.
Sin embargo, esta flexibilidad no está exenta de limitaciones. La variedad en misiones y objetivos es limitada, y el sigilo, aunque presente, resulta superficial. Lo más notable es que, en el mundo de Wildlands, la silenciosa infiltración suele terminar dando paso a enfrentamientos caóticos, un elemento que el juego abraza sin reservas.
Un ejemplo claro es cómo las incursiones planeadas pueden derivar en escenas completamente imprevisibles: helicópteros derribados, vehículos que se vuelven inservibles tras accidentes, y encuentros inesperados que escalan hasta convertir la misión en un campo de batalla. Este desequilibrio entre orden y caos crea una dinámica de juego atractiva para quienes disfrutan la improvisación táctica.
Diseño del mundo y narrativa con matices controvertidos
Wildlands representa una versión idealizada y a la vez caricaturesca de Bolivia, combinando paisajes envolventes con una atmósfera que invita a la exploración. La fauna local, los efectos atmosféricos y la diversidad de ecosistemas contribuyen a una ambientación cuidada, aunque la presencia abrumadora de enemigos y soldados estadounidenses introduce una experiencia más propia de un juego ficticio que de una simulación realista.
El relato que motiva la acción, basado en el enfrentamiento contra el cartel de El Sueño, resulta forzado y poco convincente. La narrativa patriotera y los comentarios del protagonista apenas aportan profundidad, lo que sitúa el interés del jugador en la jugabilidad y el entorno más que en la historia.
Jugabilidad, armas y progresión sin complicaciones excesivas
Una de las virtudes de Ghost Recon Wildlands es la apuesta por una progresión sencilla y accesible. Desde el principio, el jugador cuenta con un armamento adecuado y habilidades básicas que pueden ir mejorando mediante la recolección de recursos, misiones secundarias y la interrogación de enemigos clave para obtener información.
La presencia de cajas de armas y puntos de mejora está señalada en el mapa, reduciendo la presión que producen otros juegos al tener que explorar exhaustivamente para no perderse objetos importantes. Esta decisión favorece una experiencia menos estresante y más orientada a la acción táctica.
Asimismo, el apoyo que ofrecen los miembros del escuadrón controlados por la inteligencia artificial, aunque no siempre brillante, puede mejorarse para que resulten más efectivos y menos problemáticos en combate.
Un título que destaca por la experiencia táctica en un entorno abierto
En definitiva, Ghost Recon Wildlands es un shooter táctico de mundo abierto que, desde su lanzamiento, ha mantenido una base jugable sólida gracias a su combinación de elementos estratégicos y acción frenética. A pesar de contar con una trama plana y ciertos clichés en su representación cultural, el juego ofrece momentos de intensa improvisación y una amplia libertad para abordar las misiones.
La integración del personaje emblemático Sam Fisher en una misión especial muestra que Ubisoft continúa vinculando esta entrega con su legado Tom Clancy, aunque también evidencia limitaciones en la coherencia y profundidad de la experiencia.
Pasados más de nueve años, Ghost Recon Wildlands sigue siendo relevante para quienes buscan un shooter táctico con un enfoque abierto y caótico más orientado a la jugabilidad que a la narrativa. Su diseño invita a los jugadores a experimentar con distintas tácticas y aceptar el desorden como parte integral de la acción en un mundo virtual que, aunque imperfecto, conserva atractivo y posibilidades para nuevos enfoques.
