Amazon dice que su consumo de agua en centros de datos es solo el 0,075% del riego doméstico

Amazon dice que su consumo de agua en centros de datos es solo el 0,075% del riego doméstico

El consumo de agua de centros de datos entra directo en la discusión pública: Amazon afirma que su uso equivale a apenas 0,075% del agua que los estadounidenses destinan al riego de jardines y céspedes, y asegura haber reducido significativamente su dependencia del agua en sus instalaciones.

La cifra viene acompañada de reclamaciones sobre mejoras técnicas y objetivos ambientales, pero también de denuncias locales que recuerdan que los impactos se miden en la comunidad, no solo en porcentajes nacionales.

Qué dice Amazon y cuál es el contexto

La compañía indica que sus centros de datos consumieron cerca de 2.500 millones de galones de agua en todo el mundo y que, en comparación, los estadounidenses usan unos 9.000 millones de galones al día solo para riego paisajístico, según datos citados por la compañía.

Con esa comparación, Amazon calcula que su participación representa el 0,075% del agua empleada en ese uso concreto. En la práctica, la empresa busca trasladar la discusión a una escala nacional para relativizar su huella hídrica frente a actividades domésticas y agrícolas.

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No es una defensa irrelevante: poner los números en perspectiva ayuda a entender la magnitud. Pero también hay límites. Las estadísticas agregadas no responden a la distribución del agua por regiones, ni a las tensiones locales donde se construyen nuevos centros.

Medidas técnicas, eficiencia y críticas locales

Amazon detalla varias medidas para bajar el consumo: prioriza sistemas de enfriamiento por aire y usa enfriamiento evaporativo directo cuando hace más calor. La compañía describe este último sistema como una especie de «esponja gigante» que humedece un medio absorbente y reduce la temperatura del aire entrante entre 5 y 10 ºF.

Según sus cifras internas, esos cambios redujeron el uso de agua hasta un 50% en determinadas configuraciones y le permitieron posponer la activación de sistemas que consumen más agua hasta que la temperatura ambiente supera los 85 ºF (29 ºC). También señalan que elevaron los umbrales de temperatura en sus salas sin afectar la vida útil del hardware ni la entrega de cómputo.

Amazon añade que estas decisiones mejoran la eficiencia energética en los momentos de mayor demanda: usar evaporación directa es más barato en consumo eléctrico que recurrir a chillers, reduciendo consumo eléctrico entre un 20% y 25% durante las horas pico, según la compañía.

Con todo, las prácticas de la industria han chocado con comunidades que han sufrido problemas locales. En varios casos reportados, empresas tecnológicas han sido señaladas por incidencias como bajos niveles freáticos, turbidez en pozos domésticos o bajadas de presión tras extracciones intensas de agua en periodos cortos.

Estos incidentes, aunque no invalidan los datos agregados, explican por qué los permisos para nuevos centros de datos se han vuelto políticamente complejos: no basta con una estadística nacional cuando un pueblo depende de un acuífero concreto.

Lo que Amazon no aclara todavía es hasta qué punto sus métricas globales se traducen en garantías legales y operativas a nivel local: límites de extracción, planes de compensación para comunidades afectadas o inversión en fuentes alternativas como agua reciclada o desalación.

También hay una cuestión de confianza. Las grandes empresas tecnológicas compiten por mostrar métricas favorables, pero los reguladores y ayuntamientos piden pruebas tangibles y monitoreo público: medidores, informes independientes y condiciones de uso que se respeten aun en años secos.

En términos de política pública, el debate relevante no es solo cuánto agua consumen los centros de datos en total, sino cómo y dónde se consume. Un porcentaje nacional bajo no elimina el riesgo de estrés hídrico local.

Además, la presión por capacidad computacional crece con la IA: la expansión de centros de datos no va a frenarse por sí sola, así que la discusión sobre eficiencia hídrica y condiciones de permiso será parte permanente del desarrollo del sector.

En resumen: Amazon presenta datos y mejoras técnicas que alivian la percepción de su huella hídrica a escala nacional. Pero la conversación pública se centra en el impacto concreto en comunidades y en si las empresas aceptan límites y supervisión reales.

Habrá que ver si esas métricas terminan acompañadas de garantías verificables para los territorios donde se instalan los centros de datos o si, por el contrario, el debate local seguirá siendo la principal barrera para nuevos proyectos.

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