Call of Duty ha vuelto a quedar en el foco por un motivo que no tiene que ver con su adaptación al cine, sino con una entrevista antigua de su director, Peter Berg. En 2013, el cineasta afirmó que jugar a videojuegos era “patético” y “débil”, unas declaraciones que han reaparecido ahora que Paramount prepara la película basada en la saga.
El hallazgo no cambia el estado del proyecto, pero sí añade contexto sobre la persona encargada de dirigirlo. Y en una licencia tan reconocible como Call of Duty, la relación entre el material original y quien lo adapta importa más de lo que parece.
Las críticas de Peter Berg a Call of Duty no son nuevas
La entrevista original se publicó en Esquire en 2013, cuando Berg estaba promocionando Lone Survivor y acababa de estrenar Battleship. En una conversación centrada en la masculinidad, el deporte y los videojuegos, el director respondió sin rodeos cuando salió el tema de los juegos de guerra.
Preguntado por su opinión sobre ese tipo de títulos, Berg dijo que le parecían “patéticos” y habló de “valor de teclado” para referirse a quienes se implican en ellos. Su postura fue especialmente dura con los jóvenes, a quienes negó cualquier “exención” para jugar a Call of Duty durante horas.
En esa misma entrevista sí hizo una concesión: aceptaba que los militares pudieran recurrir al juego como entretenimiento, siempre que fuera por aburrimiento y no como hábito. Pero incluso ahí mantuvo el tono despectivo, al insistir en que pasar cuatro horas sentado jugando le parecía una señal de debilidad.
Qué significa para la película de Call of Duty
La adaptación cinematográfica de Call of Duty está en desarrollo en Paramount, y Berg figura como director y coautor del proyecto. Por trayectoria, no es una elección extraña: ha trabajado con relatos militares y bélicos en varias ocasiones, desde Lone Survivor hasta Patriots Day.
Precisamente por eso, la vieja entrevista no habla tanto de su capacidad técnica como de su distancia emocional respecto al videojuego. Adaptar una saga tan popular exige algo más que solvencia visual: también hace falta entender por qué conecta con millones de jugadores. Y, de momento, la imagen pública de Berg no ayuda a pensar que haya un vínculo especialmente estrecho con esa comunidad.
Eso no significa que la película esté condenada de antemano. Un director puede hacer una buena adaptación sin ser fan del material de origen. Pero cuando se trata de una marca como Call of Duty, donde la audiencia vigila cada gesto, el historial previo pesa y puede condicionar cómo se percibe el proyecto antes incluso de mostrar su primera imagen.
Call of Duty, entre la franquicia y la percepción pública
El caso también deja ver una tensión habitual en las adaptaciones de videojuegos al cine: los estudios suelen buscar nombres con experiencia en acción o cine militar, aunque eso no garantice empatía con la obra original. En este caso, Call of Duty se cruza con un director que ha demostrado conocer el lenguaje del género, pero que en el pasado habló del medio con un desprecio bastante claro.
La noticia importa menos por el comentario en sí, ya antiguo, que por lo que revela del contexto actual del proyecto. Cuando una película se apoya en una licencia tan reconocible, cada declaración previa del equipo creativo puede convertirse en parte de la conversación pública. Y esa conversación ya no trata solo de si la adaptación será fiel, sino de si quien la firma entiende realmente lo que está llevando al cine.
Por ahora, Call of Duty sigue siendo un proyecto en desarrollo, sin una prueba definitiva sobre su enfoque final. Pero la recuperación de esta entrevista recuerda que la relación entre Hollywood y los videojuegos sigue siendo frágil: no basta con trasladar armas, uniformes y escenarios a la pantalla. También hace falta saber qué representa la saga para quienes la han convertido en una de las marcas más influyentes del medio.


