Samsung Heavy impulsa centros de datos flotantes de 50 MW con Supermicro y armador griego

Samsung Heavy impulsa centros de datos flotantes de 50 MW con Supermicro y armador griego

Los centros de datos flotantes vuelven a la actualidad: Samsung Heavy Industries ha cerrado acuerdos con un armador griego, la consultora Lloyd’s Register y el fabricante de servidores Supermicro para desarrollar una plataforma marina de 50 MW destinada a cargas de IA y cómputo intensivo.

La iniciativa —presentada públicamente en una feria marítima— combina refrigeración por agua de mar con generación a bordo basada en celdas de combustible de óxido sólido (SOFC) alimentadas con gas natural licuado (GNL). En la práctica, buscan evitar los largos plazos de conexión a red que han frenado proyectos en tierra.

Cómo proponen montar estos centros de datos flotantes

El acuerdo reparte responsabilidades: Samsung Heavy Industries se ocupa del diseño y la construcción de la plataforma; Capital Clean Energy Carriers, el armador griego, lidera la financiación y la búsqueda de emplazamientos; y Lloyd’s Register se responsabiliza de regulación y certificación. Además, hay un memorándum separado para estudios de viabilidad y análisis del mercado norteamericano.

Según las descripciones públicas, la plataforma puede operar de tres maneras: conectada a la red mediante tendidos submarinos cuando esté fondeada cerca de costa, auto‑alimentada con SOFCs funcionando con GNL, o una combinación de ambas. La cifra clave es 50 MW: una potencia que la industria considera suficiente para centros de IA de tamaño medio a grande.

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En paralelo, Samsung Heavy mantiene un acuerdo de desarrollo con Supermicro para validar si servidores de precisión pueden resistir factores marinos como vibración, inclinación, salinidad e humedad durante años de servicio. Supermicro hará pruebas en entornos fluviales y marinos; Samsung Heavy trabaja en sistemas de posicionamiento, sellado y control para mantener condiciones operativas estables.

El modelo de negocio propuesto recuerda al de los buques tanque: los armadores compran las plataformas y arriendan capacidad a operadores o grandes clientes mediante contratos a largo plazo. Capital Clean Energy Carriers ya ha señalado que la movilidad y la escalabilidad son las ventajas frente a centros de datos en tierra.

Retos técnicos, competencia y dudas comerciales

La idea no es nueva, pero escala. Existen ejemplos operativos y en construcción: una barcaza de 6,5 MW opera en California, una instalación submarina de 24 MW frente a Shanghai ha entrado en servicio recientemente y Mitsui O.S.K. Lines colabora con Karpowership en una plataforma de 73 MW prevista para 2027. Esto demuestra que el concepto ya tiene tracción comercial, aunque en distintos tamaños y modelos técnicos.

En términos técnicos, la refrigeración por agua de mar es una ventaja clara en cuanto a eficiencia energética y densidad térmica, pero trae complicaciones: corrosión, bioincrustación y variaciones térmicas. Sellar salas de servidores contra la humedad y la sal es costoso y exige soluciones redundantes de climatización y filtrado.

La elección de celdas de combustible de óxido sólido alimentadas con GNL como generador principal también plantea preguntas. Las SOFCs prometen alta eficiencia y bajos niveles de ruido, pero su integración en una plataforma marina a escala de decenas de megavatios todavía no es una práctica consolidada. Además, depender de GNL introduce riesgos de suministro y regulaciones ambientales —no es lo mismo operar en aguas internacionales que en zonas costeras con normativas estrictas sobre emisiones.

En el plano operativo, hay elementos críticos: la gestión de oleaje y movimientos del buque para evitar que la vibración afecte a los servidores, la protección contra corrosión por sal, y la redundancia en redes y generación para mantener SLAs exigentes. Supermicro deberá demostrar que sus equipos pueden sostener rendimiento y fiabilidad en esas condiciones sin inflar demasiado los costes de servicio.

Otro punto clave es la certificación: el proyecto afirma haber recibido un approval in principle de sociedades como el American Bureau of Shipping y Lloyd’s Register en abril, lo que facilita trámites, pero no elimina la necesidad de pruebas operativas y auditorías específicas para instalaciones de datos.

En cuanto a clientes, Samsung Heavy tiene una carta de intención con OpenAI firmada en octubre, según los documentos públicos citados por los impulsores. No obstante, hasta ahora no hay contratos firmes para un despliegue concreto con cliente nombrado, un factor que limita el calendario real de construcción y la viabilidad financiera del primer ejemplar.

El coste por MW en plataformas marinas suele ser mayor que en tierra, por la ingeniería naval y los sistemas de protección necesarios. Aquí no se han publicado precios ni plazos de construcción firmes. Menos aún hay datos sobre TCO y comparativas con centros en tierra que, a su vez, compiten con la posibilidad de energías renovables locales y menor complejidad logística.

Por último, el marco regulatorio y las limitaciones de atraque en puertos son un cuello de botella real. Aunque la generación a bordo permite evitar listas de espera de conexión eléctrica, el acceso a muelles, permisos medioambientales y normas de seguridad marítima pueden ralentizar o encarecer los proyectos.

Lo que Samsung Heavy no aclara todavía es el calendario exacto de construcción, el coste estimado por unidad y qué acuerdos comerciales concretos asegurarían el primer despliegue. Vale la pena esperar a ver pruebas de larga duración y contratos firmados antes de extrapolar este concepto a gran escala.

En el panorama global, los centros de datos flotantes son una alternativa interesante para clientes con necesidades puntuales de potencia junto a la costa o en regiones con infraestructuras eléctricas limitadas. Pero no son una solución universal: la combinación de ingeniería naval, sistemas energéticos avanzados y requisitos de fiabilidad IT crea una barrera que solo se salva con pilotos rigurosos y clientes comprometidos a largo plazo.

Para los interesados en la intersección entre nube y marítimo, este proyecto será una de las iniciativas a seguir por sus implicaciones técnicas y comerciales. No es un experimento de laboratorio: quien ponga en marcha una plataforma de 50 MW tendrá que demostrar que puede competir en costes, fiabilidad y regulación frente a alternativas bien establecidas.

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