Hoy, 22 de noviembre de 2025, se cumplen veinte años del lanzamiento de Xbox 360 en Estados Unidos. Aquel 22 de noviembre de 2005 fue más que el inicio de una nueva consola: supuso la entrada definitiva de Microsoft en la gran competición de la industria y abrió un periodo que transformó la forma de jugar, conectarse y consumir videojuegos. Dos décadas después, su influencia sigue siendo evidente.
Un lanzamiento adelantado y un mercado que necesitaba un cambio
La llegada de Xbox 360 se produjo en un momento complejo. PlayStation 2 dominaba el sector sin oposición, PlayStation 3 acumulaba retrasos y Wii aún no había revelado su giro hacia la accesibilidad. Microsoft aprovechó ese vacío con una consola que apostó por llegar antes, posicionarse mejor y construir una identidad propia.
Aquella estrategia tuvo resultados: a lo largo de su vida comercial, Xbox 360 vendió alrededor de 84 millones de unidades en todo el mundo. En Estados Unidos superó los 38 millones, lo que la convirtió en la consola líder durante gran parte de esa generación. Europa también respondió con fuerza, especialmente en mercados como Reino Unido, Alemania y España, donde superó ampliamente el millón de consolas. Incluso en Japón, territorio históricamente adverso para Xbox, alcanzó más de un millón y medio de sistemas, una cifra insólita para la marca.
Ese impulso permitió a Microsoft competir de igual a igual con Sony por primera vez. La 360 ya no era “la otra consola”: era un actor principal y uno que llegó en el momento exacto para adelantarse a la transición digital que se avecinaba.
La revolución online: comunidad, logros y un ecosistema que marcó una época
Si hubo un elemento que definió la identidad de la consola, fue su apuesta radical por el juego conectado. Xbox Live se convirtió en el centro de la experiencia: perfiles persistentes, chat de voz integrado, sistema de amigos, Marketplace, descargas automáticas, demos jugables, parches… elementos cotidianos hoy, pero revolucionarios en 2005.
La cultura del multijugador vivió en Xbox 360 uno de sus mayores impulsos. «Halo 3», «Gears of War», «Call of Duty 4: Modern Warfare», «Battlefield 3», «Left 4 Dead» o «FIFA» consolidaron un ecosistema donde la gente se reunía noche tras noche. Los logros —un invento que rápidamente marcó tendencia— completaron esa estructura social, convirtiéndose en una motivación adicional para seguir jugando y comparando progresos con amigos.
Xbox Live Arcade, por otra parte, abrió las puertas a una explosión de creatividad independiente con títulos que hoy son clásicos contemporáneos: «Limbo», «Braid», «Castle Crashers», «Fez». La 360 no solo impulsó el juego online: legitimó el desarrollo indie en consolas y lo puso al alcance del gran público.
Luces, sombras y un legado que sigue vivo dos décadas después
El mayor obstáculo en su recorrido fue el tristemente célebre “anillo rojo de la muerte”. El fallo de hardware afectó a millones de usuarios y obligó a Microsoft a asumir uno de los programas de sustitución más costosos de la industria. Aquella crisis pudo haber arruinado la trayectoria de la consola, pero la respuesta de la compañía —reconocer el problema, ampliar garantías y reemplazar las unidades defectuosas— terminó reforzando la relación con la comunidad.
La producción de Xbox 360 se detuvo en 2016, pero su impacto continúa muy presente. Su enfoque en los servicios anticipó el modelo actual de Xbox Series X|S, su integración digital allanó el camino para Game Pass y su visión del multijugador es la base del ecosistema conectado que hoy domina la industria. Muchos de los conceptos que hoy asumimos como estándar nacieron o se popularizaron aquí.
Para una generación entera de jugadores, la 360 fue la consola de las primeras partidas online, de los maratones nocturnos, de los clanes, de las amistades que surgían con un micrófono barato y una conexión de banda ancha. Su aniversario es también la celebración de una etapa vital del videojuego moderno.
Veinte años después
Hoy, dos décadas después de su lanzamiento, Xbox 360 no es solo una pieza de nostalgia. Es una consola que marcó tendencias, impulsó innovaciones y ayudó a definir qué significa jugar en el siglo XXI. Su legado es palpable en cada servicio conectado, en cada plataforma digital y en cada jugador que descubrió, gracias a ella, que los videojuegos podían ser sociales, continuos y compartidos.



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