Los datos son contundentes y dibujan un escenario complejo para la división de hardware de Microsoft: 2025 ha sido, con diferencia, el peor año registrado para las consolas Xbox en el Reino Unido. Mientras la compañía acelera su transición hacia un modelo centrado en los servicios y la distribución multiplataforma, las ventas de sus máquinas han sufrido un desplome cercano al 40% en comparación con 2024.
Esta información, compartida por el periodista Christopher Dring (The Game Business), confirma una tendencia que se venía observando durante los últimos trimestres: el mercado de hardware tradicional se contrae, pero el ecosistema Xbox está sufriendo una corrección mucho más severa que sus competidores.
Un año difícil para todo el hardware
Es importante matizar que 2025 no ha sido un camino de rosas para ningún fabricante. La fatiga de la generación y la situación económica global han impactado en todo el sector. PlayStation 5, por ejemplo, también experimentó un descenso en sus ventas en territorio británico, concretamente de un 19%.
Sin embargo, la diferencia porcentual entre ambas plataformas es notable. Mientras Sony mantiene una caída moderada propia de la madurez del ciclo, el descenso del 40% en Xbox sugiere factores más allá de la simple saturación del mercado. La estrategia de comunicación y los lanzamientos de Microsoft parecen haber incentivado al consumidor a buscar otras formas de acceder a su catálogo, restando atractivo a la compra de una Series X o S.
El cambio de estrategia: el software manda
La caída en la venta de consolas coincide cronológicamente con el giro radical de Microsoft respecto a sus exclusividades. Lo que comenzó a principios de 2024 como un experimento tímido, se consolidó durante el año pasado. Títulos emblemáticos que antes eran bandera de la marca, como Gears of War y Forza Horizon, acabaron llegando a PlayStation.
Este movimiento, aunque doloroso para la venta de hardware propio, parece estar saneando las cuentas de la división de juegos. Sarah Bond, presidenta de Xbox, llegó a calificar el concepto de exclusividad como «anticuado». Y los datos le dan la razón en lo financiero: entre abril y julio del año pasado, seis de los diez juegos más vendidos en PlayStation 5 pertenecían a estudios de Microsoft. La compañía se está transformando en la mayor editora third-party del mercado, incluso si eso significa sacrificar su base instalada de consolas.
Precios altos y el contexto estadounidense
La situación en Reino Unido no es un caso aislado, aunque sí el más acentuado. Al cruzar el Atlántico, los datos de Circana para el mercado estadounidense durante el pasado mes de noviembre —históricamente un mes clave por el Black Friday y las compras navideñas— también arrojan sombras.
Estados Unidos vivió el peor noviembre en ventas de hardware y software desde que existen registros de seguimiento. Un factor determinante ha sido el precio: el coste medio pagado por una unidad de hardware alcanzó un máximo histórico de 439 dólares (unos 420 euros al cambio), un 11% más que el año anterior. En un contexto inflacionista, el jugador medio se lo piensa dos veces antes de renovar su equipo.
En este escenario estadounidense, el orden de preferencia en noviembre fue claro: PlayStation 5 lideró las ventas, seguida por la nueva Nintendo Switch 2, dejando a las consolas Xbox Series en una tercera posición. Esto demuestra que, incluso con nuevo hardware de la competencia en las estanterías, la propuesta de valor de la consola de Microsoft está perdiendo tracción frente a la opción de jugar a sus títulos en otros dispositivos, ya sea en la competencia o en PC.
La industria del videojuego está mutando. Si 2025 nos ha enseñado algo, es que la «guerra de consolas» tradicional ha terminado para Microsoft, que ahora libra una batalla diferente: la de estar en todas las pantallas posibles, aunque esas pantallas no lleven su logotipo.

