El auge de la inteligencia artificial obliga a los fabricantes de chips a priorizar memorias para servidores, reduciendo la producción de VRAM para el mercado de consumo y encareciendo el stock.
Apenas hemos arrancado el año y las perspectivas para quienes tenían planeado renovar su ordenador no son las más alentadoras. Según los últimos informes de la industria, 2026 se perfila como un año inflacionista para el hardware de PC. Tanto NVIDIA como AMD se enfrentan a un cuello de botella en la cadena de suministro que amenaza con elevar el precio final de sus tarjetas gráficas: la escasez de módulos de memoria de vídeo (VRAM).
La situación recuerda vagamente a la crisis de los semiconductores de hace unos años, pero con un culpable diferente. Si antes fue la minería de criptomonedas y la logística post-pandemia, ahora es la demanda voraz del sector de la Inteligencia Artificial la que está canibalizando los recursos de fabricación.
La IA acapara las líneas de producción
El problema nace en las fundiciones de los tres grandes proveedores de memoria del mundo: Samsung, SK Hynix y Micron. Estas compañías han virado drásticamente su estrategia para satisfacer la demanda de memorias HBM (High Bandwidth Memory), componentes esenciales para los aceleradores de IA que utilizan empresas como OpenAI o Google.
Fabricar memoria HBM es más rentable, pero también más complejo y requiere más espacio físico en las obleas de silicio. Al destinar la mayor parte de su capacidad productiva a este estándar empresarial, la fabricación de memorias GDDR —las que usan tu tarjeta gráfica y la mía para jugar— ha pasado a un segundo plano. Menos oferta de GDDR en el mercado implica costes más altos para ensambladores como NVIDIA y AMD, un sobrecoste que, inevitablemente, acabará repercutiendo en el bolsillo del usuario final.
GDDR7 y el reto de la nueva generación
Este escenario es especialmente delicado ahora que la industria está transicionando hacia el estándar GDDR7. Se espera que las nuevas series de tarjetas gráficas, como las RTX 50 de NVIDIA (arquitectura Blackwell) y las futuras Radeon de AMD (RDNA 4), dependan en gran medida de módulos de memoria más rápidos y densos.
Los analistas apuntan a que el precio de los módulos de memoria podría incrementarse entre un 5% y un 10% durante este primer trimestre de 2026. Aunque el porcentaje parece bajo sobre el papel, en la cadena de distribución esto suele traducirse en aumentos más notables en el Precio de Venta al Público (PVP), especialmente en la gama media y alta, donde la cantidad de VRAM es un factor crítico de venta.
Un mercado tensionado
Si la tendencia se confirma, comprar una GPU a su precio recomendado de lanzamiento (MSRP) será complicado durante los próximos meses. A diferencia de ciclos anteriores, no estamos ante una falta de chips gráficos (las GPU en sí), sino de los componentes que las rodean.
Para el usuario de a pie, la recomendación es la prudencia. Si bien el stock no parece que vaya a desaparecer de las estanterías como ocurrió en 2021, la guerra de precios entre fabricantes podría suavizarse al alza. Queda por ver cómo reaccionarán NVIDIA y AMD: si absorberán parte de este coste para mantener la competitividad o si, como sugieren las filtraciones, trasladarán la factura completa a los jugadores.

