Cuando el río suena, los analistas de inversión suelen llevar el agua. Aunque el mercado aún está asimilando las capacidades del actual iPhone 17 Pro Max, un reciente informe de Morgan Stanley ha puesto sobre la mesa una hoja de ruta que, de confirmarse, supondría un cambio de paradigma en la fotografía móvil de Cupertino. Según estas informaciones, Apple estaría probando sensores de 200 megapíxeles fabricados por Samsung para sus dispositivos de 2028.
No estamos ante una actualización inminente. La información, que debe tratarse con la cautela propia de un rumor a largo plazo, apunta a que esta tecnología no estaría lista hasta la llegada del hipotético iPhone 20. Sin embargo, el movimiento responde más a una estrategia geopolítica y de producción que a una simple guerra de cifras en la ficha técnica.
El factor Texas y los aranceles
Para entender por qué Apple consideraría abandonar a Sony, su socio histórico en fotografía, hay que mirar más allá de la tecnología. El contexto político actual, marcado por los aranceles de la administración Trump, está forzando a las tecnológicas a replantear sus cadenas de suministro. Apple necesita incrementar su producción en suelo estadounidense para mitigar costes, y aquí es donde Samsung juega con ventaja.
La compañía surcoreana cuenta con instalaciones de fabricación de semiconductores en Texas, lo que permitiría a Apple cumplir con las exigencias gubernamentales de producción local. Sony, pese a la calidad indiscutible de sus sensores, podría estar encontrando dificultades para igualar esta capacidad logística en Estados Unidos o para escalar la tecnología al nivel que Apple requiere para el futuro. Diversificar proveedores siempre ha sido una obsesión para Tim Cook, y depender únicamente de la firma japonesa es un riesgo que en Cupertino prefieren evitar.
Adiós a Sony, hola a ISOCELL
Técnicamente, el salto sería notable. El informe sugiere que Apple está probando sensores similares al ISOCELL HP2, una tecnología que ya hemos visto en competencia directa como el Galaxy S25 Ultra. Actualmente, el iPhone 17 Pro Max monta un sensor principal Sony IMX903 de 48 MP, acompañado de un gran angular y un teleobjetivo también de 48 MP (IMX972 y IMX973 respectivamente).
Pasar de 48 a 200 megapíxeles no es garantía automática de mejor calidad de imagen —a menudo implica píxeles individuales más pequeños que captan menos luz—, pero Samsung ha demostrado solvencia utilizando el pixel binning (agrupación de píxeles) para compensarlo. Si los ingenieros de Apple logran adaptar sus algoritmos a este hardware, podríamos ver un salto en la capacidad de recorte y detalle fino.
El desafío del procesamiento y el almacenamiento
Implementar un sensor de estas características plantea retos mayúsculos que explican por qué no lo veremos, supuestamente, hasta 2028. El primero es el procesamiento: el Photonic Engine de Apple tendría que gestionar una cantidad masiva de información en tiempo real. Equilibrar el detalle, el color y el rango dinámico de una imagen de 200 MP requiere una potencia de cálculo que impacta directamente en el consumo energético y la temperatura del terminal.
El segundo obstáculo es el almacenamiento. Si los actuales archivos ProRAW de 48 MP ya ocupan un espacio considerable (rondando los 75-100 MB por foto), capturas nativas a 200 MP podrían saturar la memoria interna con rapidez, obligando a Apple a replantear los estándares de almacenamiento base o a desarrollar nuevos formatos de compresión más agresivos.
Quedan dos años por delante y muchos prototipos se quedan en los laboratorios. Sin embargo, que una entidad como Morgan Stanley señale tan específicamente a la planta de Texas y a los sensores de Samsung indica que, al menos en los despachos, la transición se está evaluando seriamente.

