Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, prepara una visita a China a finales de enero con el objetivo de reactivar la presencia de la compañía en un mercado cuya relevancia no ha dejado de crecer. La visita ocurre en un momento delicado, caracterizado por la tensión entre las normativas estadounidenses que autorizan la exportación de determinados chips y la reticencia china a facilitar su entrada.
La atención se centra en el chip H200, un procesador de inteligencia artificial de generación Hopper con aproximadamente seis años en el mercado y el más avanzado que Nvidia puede ofrecer a China bajo las actuales restricciones. La administración estadounidense aprobó la semana anterior a la visita la venta de este modelo, un gesto que abre una ventana de negociación tras un periodo marcado por limitaciones y exclusiones en la venta de tecnología avanzada a Pekín.
Sin embargo, esta aprobación no ha resultado suficiente para desbloquear el mercado. Las autoridades aduaneras chinas rechazaron la importación de los H200 el 14 de enero, argumentando que no están autorizados para su entrada, en aparente contradicción con las decisiones de Washington. Pekín prepara una normativa que permita la importación de estos chips a partir del primer trimestre, aunque con exclusiones para uso militar, infraestructuras críticas y empresas estatales, un reflejo de la voluntad china de controlar estrictamente el acceso a tecnologías clave.
Además, China trabaja en potenciar su autosuficiencia tecnológica en inteligencia artificial, con empresas como Huawei posicionadas como competidoras potenciales de Nvidia en este ámbito. Este contexto añade complejidad a las negociaciones y explica, en parte, la necesidad de que Huang viaje a Pekín para establecer contactos directos, aunque todavía no se ha confirmado si mantendrá reuniones con altos cargos del gobierno chino.
El mercado chino de IA presenta un potencial económico significativo. Según Huang, podría generar ingresos anuales cercanos a 50.000 millones de dólares, en función de la venta de aproximadamente 1,85 millones de chips H200 a un precio unitario que oscila entre 25.000 y 35.000 dólares. Nvidia ha recibido pedidos que superan los dos millones de unidades, aunque la oposición oficial china y las diferencias en la percepción tecnológica dificultan el acceso inmediato.
Mientras tanto, las generaciones más recientes de chips, como Blackwell y Rubin, siguen sin estar autorizadas para su exportación a China. El camino hacia un equilibrio entre la política comercial estadounidense, la regulación china y las aspiraciones industriales de ambos países permanece abierto, con esta visita de Huang como punto clave en un proceso que aún está lejos de resolverse.

