Lo que comenzó como un anuncio sorprendente el pasado mes de septiembre se ha materializado hoy. Nvidia ha completado oficialmente la compra de acciones de Intel por valor de 5.000 millones de dólares, un movimiento estratégico que, sumado al apoyo del gobierno estadounidense, busca estabilizar al gigante de los semiconductores tras uno de los periodos más convulsos de su historia.
Según informa Reuters, la operación ha recibido finalmente el visto bueno de la Comisión Federal de Comercio (FTC) de Estados Unidos, permitiendo la transferencia de 214,7 millones de acciones. El precio fijado se estableció en 23,28 dólares por título. Lo curioso de esta cifra es la volatilidad del mercado: cuando se pactó en septiembre, ese precio suponía un 6% por encima del valor de mercado; hoy, sin embargo, representa un descuento del 36% respecto a la cotización actual de Intel, lo que convierte la operación en un negocio redondo para los de Jensen Huang desde el minuto uno.
De la crisis a la recuperación bursátil
La situación de Intel ha cambiado radicalmente en los últimos meses. La compañía ha logrado recuperar su valoración hasta los 172.670 millones de dólares, un salto considerable si miramos atrás, concretamente a los peores momentos de 2024 y 2025, cuando su capitalización se desplomó hasta los 82.710 millones.
Esta inyección de capital privado por parte de Nvidia no llega sola. Se suma a la intervención de Washington, que adquirió una participación de 8.900 millones de dólares. El contexto político ha sido clave: el gasto masivo en capital (Capex) de Intel había tensado sus cuentas hasta el límite, coincidiendo con preocupaciones de seguridad nacional sobre los supuestos vínculos con China del CEO Lip-Bu Tan. Aunque la administración del presidente Trump buscó inicialmente su destitución, la reconciliación posterior ha permitido desbloquear los fondos necesarios para mantener a flote a la compañía.
El hardware que nacerá de la alianza
Más allá de los movimientos bursátiles y la política de despachos, lo que realmente nos interesa en el sector tecnológico es el producto resultante de este apretón de manos. Poco después de anunciarse la intención de compra, ambas compañías desvelaron los SoC Intel x86 RTX.
Es importante matizar que este desarrollo conjunto no es fruto de la presión gubernamental reciente. Según diversas fuentes, la colaboración técnica entre los ingenieros de Nvidia e Intel llevaba tiempo gestándose en los laboratorios, mucho antes de que el capital estadounidense o el de Nvidia entrase en las arcas de Intel.
Por el momento, no existe una ventana de lanzamiento oficial para estos nuevos chips que prometen integrar la arquitectura gráfica de Nvidia con el procesamiento x86 de Intel. Habrá que esperar para ver el fruto real de esta simbiosis, pero sobre el papel, tiene el potencial de redefinir el mercado de los ordenadores personales y portátiles de alto rendimiento.
Un futuro industrial renovado
El cierre de este acuerdo marca un punto de inflexión. Con las cuentas saneadas y socios estratégicos de primer nivel, Intel parece lista para volver a competir en la fabricación de chips. Su negocio de fundición (foundry) está empezando a mostrar signos de vitalidad, apoyándose en la adopción temprana de la litografía de ultravioleta extremo de alta apertura numérica (High-NA EUV).
Si la hoja de ruta se cumple, Intel no solo sobrevivirá, sino que podría plantear un desafío real a las operaciones estadounidenses de TSMC, recuperando parte de la soberanía tecnológica que Occidente lleva años intentando asegurar.

