Nintendo atraviesa uno de sus momentos bursátiles más delicados del año. La compañía japonesa ha perdido en torno a 14.000 millones de dólares de capitalización tras una fuerte corrección en bolsa motivada, principalmente, por el aumento de los costes de la memoria DRAM y NAND, componentes clave en la fabricación de Nintendo Switch 2. El mercado teme que esta presión acabe traduciéndose en subidas de precio que afecten a las ventas y al ecosistema de la consola.
En los últimos días, las acciones de Nintendo han encadenado varias jornadas a la baja hasta situarse en niveles no vistos desde mayo, reflejando la inquietud de los inversores ante un escenario que apunta a ser todavía más complejo en 2026. La caída no responde a un desplome de la demanda ni a un problema de ventas inmediato, sino a un contexto industrial cada vez más caro y volátil.
El foco está puesto en la memoria RAM LPDDR5 que utiliza Switch 2. Según estimaciones del sector, el precio de los 12 GB de RAM necesarios para la consola se ha incrementado alrededor de un 41 %, un aumento muy por encima de lo habitual. A esto se suma el encarecimiento de la memoria NAND, tanto la integrada para el almacenamiento interno como la destinada a tarjetas externas, con subidas en torno al 8 % que, según los analistas, todavía no han tocado techo.
Este problema no afecta solo al interior de la consola. Nintendo ha apostado por microSD Express como formato de expansión de almacenamiento, una tecnología más rápida, pero también más costosa. Un ejemplo claro es la tarjeta oficial de SanDisk de 256 GB, cuyo precio ha pasado en Europa de unos 48 euros a 55 euros, mientras que en Estados Unidos ya ronda los 90 dólares. Aunque el stock actual evita tensiones inmediatas, el encarecimiento refuerza la percepción de que el coste total de acceso al ecosistema Switch 2 va en aumento.
La lectura que hace el mercado es clara. Aunque Nintendo sigue generando beneficios suficientes como para absorber parte de estos sobrecostes, existe el temor de que la compañía termine repercutiendo el aumento de los costes en el consumidor. Esa expectativa es la que ha golpeado directamente a la cotización. Una subida de precio de la consola, aunque sea moderada, podría afectar al ritmo de ventas y, por extensión, a todo el negocio asociado, desde juegos hasta accesorios.
Desde Nintendo, el mensaje oficial intenta calmar las aguas. Shuntaro Furukawa, presidente de la compañía, ha señalado que los precios “se mantendrán estables”, al menos a corto plazo. Sin embargo, el propio sector tecnológico ya asume que 2026 será un año de ajustes, con fabricantes como Lenovo o Xiaomi anunciando subidas en algunos de sus productos ante el aumento sostenido de los costes de componentes.
Más allá de Switch 2, este caso ilustra un problema estructural. El mercado de la memoria vive un nuevo ciclo alcista que está afectando a buena parte de la industria tecnológica, desde PC y smartphones hasta consolas. En ese contexto, incluso una empresa tan sólida como Nintendo no es inmune a la presión de los costes ni al nerviosismo de los inversores.
La caída bursátil no pone en duda la viabilidad de Switch 2 ni la fortaleza de la marca, pero sí deja claro que el equilibrio entre precio, costes y volumen de ventas será clave en los próximos meses. Lo que ocurra con la política de precios de Nintendo marcará no solo el futuro inmediato de la consola, sino también la confianza del mercado en la estrategia de la compañía.

