La industria del videojuego despide hoy a uno de sus arquitectos más silenciosos, pero absolutamente fundamentales. David Rosen, cofundador de Sega y el hombre responsable de introducir la cultura de los salones recreativos en el Japón de la posguerra, falleció el pasado día de Navidad a los 95 años, según ha confirmado hoy un portavoz de la familia.
Aunque su nombre no suele resonar con la misma fuerza mediática que el de los grandes diseñadores de juego, la estructura actual del sector no se entendería sin su figura. Rosen no escribía código ni diseñaba niveles; su talento residía en una visión comercial única que permitió tender un puente entre el entretenimiento estadounidense y el mercado japonés, sentando las bases de lo que posteriormente se convertiría en un gigante del ocio electrónico.
De la fuerza aérea a los salones recreativos
La historia de Rosen es la de un emprendedor nato que supo leer el contexto histórico a la perfección. Tras servir en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos en el Extremo Oriente durante la Guerra de Corea, decidió establecerse en Japón. En 1954 fundó Rosen Enterprises, una compañía que inicialmente se dedicaba al arte y la fotografía.
Sin embargo, su gran movimiento estratégico llegaría tres años después. Rosen detectó una necesidad de ocio en una sociedad que empezaba a recuperarse económicamente e inició la importación de máquinas recreativas electromecánicas desde Estados Unidos. A pesar de los desorbitados aranceles de la época, la apuesta fue un éxito rotundo. En poco tiempo, Rosen Enterprises había sembrado el país de locales de ocio, instaurando lo que hoy conocemos como la cultura arcade japonesa. Sin su intervención, el paisaje urbano de Akihabara o Shinjuku sería muy distinto.
El nacimiento de Service Games
A principios de la década de los 60, el sector del entretenimiento en Japón experimentaba un crecimiento acelerado. La competencia se intensificó con la entrada de actores como Taito o Nihon Goraku Bussan. Lejos de iniciar una guerra de desgaste, Rosen optó por una alianza estratégica.
A mediados de la década, fusionó su empresa con Nihon Goraku Bussan para crear una nueva entidad bajo la marca comercial Service Games, acrónimo que daría lugar al nombre SEGA. Como director ejecutivo y presidente de Sega Enterprises, Rosen supervisó hitos cruciales:
- El salto a la producción propia: Bajo su mandato se lanzó Periscope, el primer juego original de la compañía, que demostró que podían ser algo más que importadores.
- La expansión internacional: Fue la pieza clave para que la marca desembarcase en el mercado norteamericano, cerrando el círculo de su modelo de negocio.
Resistencia ante la crisis
La trayectoria de Rosen al frente de la compañía no estuvo exenta de turbulencias corporativas. En 1969, el conglomerado Gulf+Western Industries adquirió Sega, aunque Rosen se mantuvo al mando operando como una filial de Paramount Pictures. La situación se complicó drásticamente con la crisis del videojuego de 1983 y la muerte del fundador de la matriz, Charles Bluhdorn, lo que llevó al conglomerado a deshacerse de sus activos de videojuegos.
Fue en ese momento crítico donde la figura de Rosen volvió a ser decisiva. Se unió a Hayao Nakayama para recomprar los activos japoneses de la empresa, salvando la marca de una posible desaparición. En 1986, con una visión renovada, fundó Sega of America, división que lideró hasta su retiro en 1996, coincidiendo con la etapa de la consola Sega Saturn.
David Rosen se marcha dejando un legado imborrable. Fue el ejecutivo que transformó una importadora de máquinas de fotos en uno de los pilares históricos del videojuego. Aunque la Sega actual, integrada en Sega Sammy Holdings, ya no fabrica hardware doméstico, su posición como uno de los editores third-party más relevantes del mundo y su dominio continuo en el sector arcade son la herencia directa de la gestión de Rosen.

