Mark Zuckerberg no quería terminar 2025 sin dar un golpe definitivo en la mesa. Meta ha confirmado la adquisición de Manus, la startup de inteligencia artificial con sede en Singapur que ha acaparado la conversación en Silicon Valley durante los últimos meses. La operación, valorada en unos 2.000 millones de dólares según fuentes del WSJ, marca un cambio de estrategia en el gigante tecnológico: ya no se trata solo de tener el mejor chatbot, sino de poseer agentes capaces de trabajar.
Esta compra llega apenas unas semanas después de que Manus anunciase haber superado los 100 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales (ARR), una cifra que valida un modelo de negocio que va más allá de la promesa tecnológica.
Agentes que hacen cosas, no solo hablan
La propuesta de valor de Manus, que debutó la pasada primavera, se aleja del concepto tradicional de LLM (Grandes Modelos de Lenguaje) conversacional. Su tecnología se centra en «agentes de IA» autónomos diseñados para ejecutar tareas complejas de principio a fin. En sus demostraciones, la compañía ha mostrado cómo su software puede realizar cribas de candidatos para puestos de trabajo, planificar vacaciones completas o analizar carteras de inversión con una profundidad que, según aseguran, supera a herramientas como Deep Research de OpenAI.
El ascenso de la compañía ha sido meteórico. En abril, la firma de capital riesgo Benchmark lideró una ronda de financiación de 75 millones que valoró la empresa en 500 millones. Menos de un año después, Meta ha multiplicado esa valoración por cuatro para hacerse con el control total.
Rentabilidad frente al gasto masivo
Para Zuckerberg, esta adquisición es una pieza clave en un rompecabezas financiero cada vez más complejo. Los inversores han comenzado a mostrar signos de nerviosismo ante el gasto agresivo de Meta en infraestructura de IA, que este año ha rondado los 60.000 millones de dólares.
Manus representa algo que Meta necesitaba desesperadamente: un producto de IA que ya es rentable. Mientras la mayoría del sector sigue buscando formas de monetizar sus modelos, Manus ya cuenta con millones de usuarios y un flujo de caja positivo gracias a sus suscripciones. Meta ha confirmado que mantendrá a Manus operando de forma independiente, aunque la hoja de ruta es clara: integrar estos agentes en WhatsApp, Instagram y Facebook para dotar a Meta AI de capacidades ejecutivas reales.
La sombra de Pekín y el escrutinio de Washington
La operación, sin embargo, nace con un asterisco geopolítico importante. Aunque Manus opera desde Singapur desde mediados de 2025, sus fundadores crearon la empresa matriz (Butterfly Effect) en Pekín en 2022. Entre sus inversores iniciales figuran gigantes chinos como Tencent y ZhenFund.
Este origen ya levantó ampollas en mayo, cuando el senador republicano John Cornyn criticó duramente que capital estadounidense estuviese financiando una empresa con raíces chinas. Consciente de que la regulación tecnológica es uno de los pocos temas que une a demócratas y republicanos, Meta ha actuado con rapidez. Un portavoz de la compañía ha declarado a Nikkei Asia que, tras la transacción, «no quedarán intereses de propiedad chinos en Manus AI» y que la empresa «interrumpirá sus servicios y operaciones en China».
Con este movimiento, Meta intenta blindarse ante los reguladores mientras se asegura una posición dominante para 2026. La era de los chatbots pasivos termina; empieza la guerra por los agentes que trabajan por nosotros.

