La división de Reality Labs de Meta ha sufrido esta semana uno de los golpes más duros de su historia, confirmando el cambio de rumbo que Mark Zuckerberg lleva gestando desde hace meses. La compañía ha comunicado el despido de aproximadamente el 10 % de la plantilla de esta división, lo que se traduce en la salida de unos 1.500 trabajadores. Pero el dato más doloroso para la industria del videojuego no es solo el número, sino los nombres propios: el cierre total de tres estudios veteranos que formaban la columna vertebral de Oculus Studios.
La reestructuración implica la desaparición inmediata de Armature Studio, Sanzaru Games y Twisted Pixel. No estamos hablando de equipos menores, sino de desarrolladoras que Meta adquirió hace apenas unos años —entre 2020 y 2022— para nutrir de contenido exclusivo a sus visores Quest. La estrategia de comprar talento para luego disolverlo vuelve a repetirse, dejando un vacío importante en el desarrollo de software para realidad virtual.
Crónica de un cierre anunciado
La caída de estos estudios es especialmente significativa por el catálogo que dejan atrás. Sanzaru Games, adquirido en 2020, fue responsable de la saga Asgard’s Wrath, cuya segunda entrega se lanzó en 2023 y fue considerada uno de los mejores títulos de la plataforma. Armature Studio, por su parte, demostró su capacidad técnica con la excelente adaptación de Resident Evil 4 a la realidad virtual en 2021. Twisted Pixel, que acababa de lanzar Marvel’s Deadpool VR el pasado 2025, también baja la persiana.
Este movimiento sigue la estela del cierre de Ready At Dawn (The Order: 1886, Lone Echo) en 2024. De la cartera de estudios propios de Meta, ya solo «sobreviven» aquellos con éxitos comerciales masivos o licencias muy potentes: Beat Games (creadores del incombustible Beat Saber), Camouflaj (Iron Man VR, Batman: Arkham Shadow) y BigBox VR (Population: One). Queda patente que en la nueva Meta no hay lugar para el desarrollo medio; solo para los superventas garantizados.
Del Metaverso a la Inteligencia Artificial
¿Por qué ahora? La respuesta está en los balances y en un cambio de obsesión tecnológica. Reality Labs ha acumulado pérdidas superiores a los 50.000 millones de dólares desde 2020. La visión original de Zuckerberg de un internet inmersivo donde socializaríamos mediante avatares ha demostrado ser un agujero negro financiero.
El memorando interno al que ha tenido acceso la prensa estadounidense señala que la inversión se reasignará hacia dos nuevas prioridades: los «wearables» y la Inteligencia Artificial. Meta parece haber encontrado más tracción con productos como las Meta Ray-Ban Display —las gafas con pantalla e IA presentadas en septiembre de 2025— que con los pesados cascos de realidad virtual tradicionales. El objetivo es alejarse de la inmersión total para centrarse en la realidad aumentada ligera y llevable.
La IA como nuevo pozo de inversión
Si el Metaverso fue la apuesta de la primera mitad de la década, la segunda mitad de los años 20 pertenece a la IA. La compañía está desviando recursos masivos hacia la iniciativa Meta Compute y la división Meta Superintelligence Labs. Para liderar este frente, no han dudado en sacar la chequera: pagaron 14.300 millones de dólares por el 49 % de la startup Scale AI, colocando a su exdirector ejecutivo, Alexandr Wang, al frente de sus laboratorios.
El mensaje para los inversores es claro: se acabó la paciencia con los videojuegos de realidad virtual que no generan retorno inmediato. Para los desarrolladores y los usuarios que apostaron por el ecosistema Quest, la noticia es un recordatorio amargo de la volatilidad de trabajar bajo el paraguas de un gigante tecnológico que cambia de dirección según sopla el viento en Wall Street.

