El kernel Linux 6.18 ya es oficial y llega en un momento en el que la compatibilidad con hardware moderno es más importante que nunca. No estamos ante una versión que pretenda romper esquemas con grandes funciones nuevas, sino ante una actualización que pule, reorganiza y fortalece algunos de los cimientos que sostienen al sistema operativo. Eso sí, dentro de esta calma técnica hay un detalle que destaca por encima del resto: las mejoras se concentran de forma muy clara en NVIDIA, AMD y Apple Silicon, mientras que Qualcomm, tradicionalmente protagonista en el terreno ARM, queda completamente relegada en esta entrega.
La mejora más visible de la actualización está en el lado de NVIDIA. Durante años, el driver libre Nouveau ha sido una de las piezas más limitadas del ecosistema Linux, especialmente por la falta de colaboración directa por parte del fabricante. Sin embargo, Linux 6.18 activa por defecto el uso del firmware GSP en las GPU basadas en las arquitecturas Turing y Ampere, siempre que el firmware esté disponible en el sistema. Este avance no convierte al driver libre en una alternativa completa al controlador propietario, pero sí marca un antes y un después. Con el GSP, más partes del pipeline dejan de depender del driver oficial, lo que permite una inicialización más limpia, un arranque más estable y un margen real para que las mejoras de rendimiento y funcionalidad lleguen a través del proyecto Nouveau. Hasta ahora, muchas de esas áreas estaban prácticamente bloqueadas.
El panorama también es positivo para quienes utilizan hardware AMD. Linux 6.18 continúa la tendencia de los últimos años, en la que el soporte para las GPU Radeon se ha convertido en uno de los pilares de la experiencia Linux, especialmente en entornos de juego y creación. En esta versión no aparece una gran función estrella, pero sí una serie de optimizaciones internas que afectan a la gestión de energía, al comportamiento de las tarjetas bajo diferentes cargas y a la madurez general del módulo AMDGPU. A esto se suma el trabajo acumulado sobre la arquitectura gráfica de última generación, que sigue puliéndose para ofrecer un rendimiento más predecible y estable. El resultado es un kernel más sólido para cualquier usuario que dependa de gráficas AMD modernas.
Otra área que avanza sin hacer ruido es la compatibilidad con Apple Silicon, donde el proyecto Asahi continúa sumando pasos dentro del árbol oficial del kernel. Linux 6.18 incorpora los device trees para los chips M2 Pro, M2 Max y M2 Ultra, lo que consolida un proceso de integración que todavía llevará tiempo, pero que ya tiene una presencia estable dentro del kernel principal. Esto no significa que la experiencia en Mac con arquitectura ARM sea completa o equivalente a macOS, pero refuerza un movimiento que hace solo dos años parecía impensable: Linux ejecutándose en los SoC de Apple con un soporte cada vez más amplio.
En contraste, el silencio alrededor de Qualcomm es especialmente llamativo. En esta versión del kernel no hay avances significativos relacionados con sus SoC ni cambios relevantes que puedan mejorar la compatibilidad con nuevos dispositivos. Es una ausencia extraña si se tiene en cuenta el protagonismo histórico de Qualcomm en el ecosistema Android y en el desarrollo sobre plataformas ARM. Mientras otras arquitecturas siguen sumando soporte, parches y nuevas funciones, Qualcomm queda en segundo plano, lo que podría interpretarse como un reflejo de prioridades distintas dentro del desarrollo del kernel o como una señal de que otros actores en ARM, especialmente Apple y distintos proveedores de HPC, están empujando más fuerte.
Más allá del hardware, Linux 6.18 introduce ajustes profundos en áreas esenciales del sistema. El asignador de memoria SLUB incorpora el sistema de “sheaves”, que reorganiza la forma en la que se manejan las cachés por CPU y reduce la contención en entornos con alta concurrencia. En la práctica, esto ofrece un rendimiento más estable en servidores y estaciones de trabajo sometidas a cargas intensivas. También se ha trabajado de manera notable en el rendimiento de UDP, con una ruta de recepción rediseñada que mejora el throughput bajo carga y reduce la latencia en determinados escenarios. Esta optimización no solo beneficia a servidores de comunicaciones, sino también a aplicaciones modernas que dependen de tráfico intensivo y baja latencia.
El kernel también avanza en virtualización, seguridad y sistemas de archivos, aunque aquí el paso más llamativo no es una mejora, sino una retirada: Bcachefs desaparece del árbol oficial tras meses de controversia y debates técnicos. El resto de sistemas de archivos reciben ajustes más clásicos, como mejoras en Btrfs y XFS, junto a actualizaciones internas del código que buscan limpiar funciones obsoletas y simplificar rutas críticas.
Linux 6.18 es, en esencia, una versión centrada en pulir los pilares fundamentales del rendimiento y la compatibilidad. No presenta grandes titulares, pero sí una dirección clara: reforzar el soporte para NVIDIA, consolidar el trabajo con AMD y Apple Silicon, y aceptar que, al menos por ahora, Qualcomm no forma parte del foco principal. Para usuarios de escritorio, estaciones de trabajo y entornos de desarrollo, esta versión puede ser una actualización especialmente recomendable, sobre todo si utilizan hardware moderno o dependen de una experiencia más estable en gráficos y comunicaciones.

