Intel, el gigante de los semiconductores, ha ajustado la hoja de ruta para su ambicioso proyecto Ohio One, una iniciativa que implica la inversión de más de 28.000 millones de dólares en la construcción de dos nuevas fábricas de chips en New Albany, Ohio. Aunque la edificación comenzó en septiembre de 2022, la compañía ha anunciado un retraso significativo en la puesta en marcha de la producción, posponiendo el inicio de operaciones de la primera planta hasta, como mínimo, el año 2030, en una decisión que atiende a la demanda del mercado y la disponibilidad de fondos federales.
Este proyecto es una piedra angular en la estrategia de Intel para expandir la fabricación de semiconductores en Estados Unidos, un objetivo respaldado por la Ley de Chips y Ciencia de 2022. Sin embargo, los plazos originales que preveían el inicio de la producción para 2025 se han visto modificados. La primera fase, que abarca la producción de la primera fábrica, no se espera que «empiece a dar sus frutos hasta 2030», según ha comunicado la propia compañía.
Un horizonte extendido para la producción de chips
Los planes para la segunda fábrica también se han revisado. Se prevé que su construcción finalice en 2031, con las operaciones comenzando un año después, en 2032. Este calendario dilatado se enmarca en un contexto de desafíos de mercado, ventas más débiles de lo anticipado y ajustes en la asignación de fondos federales. Internamente, Intel atraviesa una reestructuración significativa, con un nuevo consejero delegado al frente y un programa de reducción de gastos en marcha.
La inversión total de más de 28.000 millones de dólares se destina a la edificación de estas dos factorías que prometen generar 3.000 empleos iniciales. El estado de Ohio, por su parte, ha comprometido 2.000 millones de dólares en incentivos públicos, a los que se suman 700 millones adicionales para infraestructuras, mostrando el calado de la apuesta regional por este polo tecnológico.
Preguntas y compromisos
Este cambio en los plazos ha suscitado inquietud entre las autoridades locales y representantes políticos. El senador Bernie Moreno, por ejemplo, ha exigido claridad a Intel sobre los motivos de los retrasos y su potencial impacto en los contribuyentes que han sufragado una parte sustancial del proyecto. Los líderes locales también presionan por obtener respuestas ante las consecuencias que este nuevo calendario podría tener en el empleo y la economía de la zona.
Desde Intel, la postura es de reafirmación. La compañía subraya que mantiene su compromiso con el proyecto Ohio One, considerándolo «fundamental» para su red global de fabricación y para garantizar el éxito operativo a largo plazo. La coordinación con las autoridades y la «flexibilidad en los plazos» son elementos clave en la gestión actual del proyecto, según fuentes de la propia empresa.
Es relevante destacar que, a pesar de las demoras en la producción de Ohio, las acciones de Intel han experimentado un crecimiento notable, subiendo más del 66% en el presente año, impulsadas en parte por la inversión gubernamental en el sector. Sin embargo, no se ha confirmado un «giro positivo» en la construcción ni ofertas de empleo recientes de Bechtel para acelerar la Fase 1 hacia 2030, y existen ligeras variaciones en las fechas entre las distintas fuentes consultadas, situando los inicios de producción entre 2030 y 2031 para la primera planta.
La situación de Intel en Ohio refleja la complejidad de los proyectos de alta tecnología a gran escala y la interdependencia entre la inversión privada, el apoyo público y las dinámicas de un mercado global en constante evolución. La mirada de la industria y la política se mantiene sobre New Albany, aguardando los próximos hitos en la construcción de lo que se espera sea un pilar para la fabricación de semiconductores en suelo estadounidense.

