Eurogamer y varias marcas del grupo Gamer Network, propiedad de IGN, afrontan una nueva ronda de despidos en sus equipos editoriales, una situación que refleja las dificultades persistentes del periodismo de videojuegos en la actualidad.
Desde su adquisición por parte de IGN en mayo de 2024, Eurogamer, junto con otros medios emblemáticos de Gamer Network como GamesIndustry.biz, Rock Paper Shotgun y VG247, ha experimentado numerosas reestructuraciones y recortes que han modificado su estructura y operativa en un corto periodo.
Reducción de plantilla en Eurogamer y Outside Xbox
Esta última ola de recortes, que afecta a figuras clave como los editores más veteranos de Eurogamer y a todo su equipo de vídeo formado por cuatro personas, responde a una estrategia que busca integrar parte del personal en IGN pero que, a la vez, localiza un ajuste considerable en sus contenidos audiovisuales y editoriales. En paralelo, Outside Xbox, canal con más de 3,5 millones de seguidores y recientemente promotor de una gira en el Reino Unido, también ha visto reducido su equipo tras las decisiones corporativas.
Esta serie de movimientos se suma a un historial de cambios complejos desde la venta de Gamer Network por parte de ReedPop en 2024. Ya entonces, se cerró el sitio dedicado a juegos de mesa Dicebreaker y se implementaron planes de despidos voluntarios que dejaron vacantes importantes, entre ellas casi la totalidad del equipo de GamesIndustry.biz, aunque luego este medio recontrató a la mayoría de sus profesionales. Digital Foundry, reconocido por su análisis tecnológico, optó por independizarse tras adquirir las acciones de Gamer Network.
La reestructuración también ha afectado a VG247, un portal de noticias fundado en 2008 que ha visto una disminución drástica en su plantilla, lo que ha reducido su actividad principalmente a labores de guías y soporte, manejadas por solo dos redactores a jornada completa.
El contexto más amplio del periodismo de videojuegos
La situación de Eurogamer y sus marcas hermanas no es un caso aislado. Desde la etapa más dinámica experimentada durante la pandemia, el sector ha sufrido una contracción significativa. Datos de Press Engine reflejan que en los últimos dos años ha habido una caída del 25 % en la plantilla global dedicada a cubrir el mundo de los videojuegos, con más de 1.200 profesionales que han dejado el sector.
Entre los factores que explican estas pérdidas se encuentran la concentración en la cobertura de los títulos de mayor alcance, que incrementa la competencia entre medios, así como la implantación de cambios en el algoritmo de Google que limita la visibilidad y alcance de estos contenidos. Además, la diversificación insuficiente del contenido y la redistribución de la inversión publicitaria complican aún más la estabilidad económica de los medios especializados.
Gareth Williams, cofundador de Press Engine, apunta que la combinación de estos elementos ha provocado que la prensa interactiva pierda algunos de sus talentos más destacados, y subraya que el futuro pasa por la innovación y la adaptación a un entorno donde el bloqueo de anuncios es habitual y las plataformas sociales redefinen cómo se establece la comunicación y la construcción de comunidades en torno a los videojuegos.
El desafío para Eurogamer y el resto de marcas bajo IGN es evidente: necesitan encontrar un modelo sostenible que permita mantener la calidad y variedad informativa, algo que no es sencillo en un mercado que exige contenidos más especializados y que está marcado por presiones económicas constantes.
Este panorama invita a la reflexión sobre la transformación necesaria del periodismo de videojuegos en un ecosistema en cambio acelerado. Las recientes decisiones corporativas y el progresivo descenso en plantilla demuestran que, salvo estrategias efectivas de innovación y apoyo por parte de la audiencia, se arriesga a perderse la diversidad informativa y crítica que medios tradicionales como Eurogamer han construido durante años. La evolución futura del sector dependerá de la capacidad de estos medios para adaptarse sin renunciar a su esencia en medio de un contexto global cada vez más complejo.

