Es la sospecha más repetida en nuestro día a día con la tecnología: comentas con un amigo que necesitas comida para el gato y, minutos después, Instagram te sugiere una oferta de pienso premium. Aunque las redes sociales suelen utilizar metadatos y rastreadores de navegación mucho más sutiles que el micrófono del móvil para perfilarte, la inquietud sobre los altavoces inteligentes —los Amazon Echo o Google Nest que presiden nuestros salones— tiene una base mucho más tangible.
No se trata de una teoría de la conspiración. La realidad técnica es que, por defecto, estos dispositivos procesan y almacenan audio para mejorar sus sistemas de inteligencia artificial. El problema real no es cuando les pides el tiempo, sino las llamadas «activaciones fantasma»: esos momentos en los que el altavoz interpreta erróneamente un sonido como su palabra de activación y comienza a grabar sin que te des cuenta. Afortunadamente, cerrar este grifo de datos es posible sin convertir tu asistente en un pisapapeles.
El laberinto de privacidad de Amazon Alexa
Los dispositivos Echo son omnipresentes, pero su menú de configuración no destaca por ser intuitivo. Amazon fragmenta la gestión de la privacidad en dos frentes: el entrenamiento de la IA (quién escucha) y el historial (qué se guarda). Para blindar el dispositivo, hay que actuar sobre ambos.
Lo más crítico es evitar la revisión humana. Amazon utiliza fragmentos de voz anonimizados para que empleados revisen la precisión del asistente. Para desactivarlo, debes abrir la aplicación de Alexa en el móvil, ir a Más > Configuración > Privacidad de Alexa. Dentro de este menú, busca la opción Administrar tus datos de Alexa. Allí encontrarás el apartado «Ayuda a mejorar Alexa», donde debes desactivar el interruptor «Uso de grabaciones de voz».
El segundo paso es eliminar el rastro digital. Por defecto, el historial se guarda indefinidamente. En el mismo menú de administración de datos, localiza la opción para elegir cuánto tiempo se guardan las grabaciones y selecciona «No guardar ninguna grabación». Amazon advertirá que la experiencia podría degradarse, pero en nuestras pruebas la funcionalidad se mantiene intacta.
Como consejo adicional para el día a día, es muy útil activar la eliminación por voz en el menú de privacidad. Esto permite que, tras una conversación sensible cerca del altavoz, puedas decir simplemente: «Alexa, borra todo lo que he dicho hoy».
Cómo silenciar el historial de Google Assistant
Google ha centralizado sus controles, lo que facilita la gestión si sabes dónde mirar, aunque puede resultar confuso si intentas hacerlo todo desde la aplicación «Home». La clave está en la gestión de la cuenta general de Google.
Aunque la compañía ha modificado sus políticas recientemente para que las cuentas nuevas no guarden audio por defecto, los usuarios veteranos suelen tener esta opción activa desde hace años. Para comprobarlo, accede a la aplicación de Google o a myactivity.google.com desde el navegador. Toca en tu perfil y navega a Datos y privacidad > Configuración del historial > Actividad en la Web y en Aplicaciones.
Aquí debes buscar la casilla «Incluir la actividad de voz y audio». Si está marcada, desmárcala. Al hacerlo, Google dejará de almacenar los archivos de audio de tus interacciones, aunque seguirá guardando la transcripción en texto de las búsquedas para mantener el contexto.
Para limpiar lo que ya se ha guardado, utiliza la opción de Eliminar automáticamente en esa misma pantalla y configúrala al mínimo permitido (3 meses). Esto asegura una rotación constante de datos sin que tengas que intervenir manualmente.
El botón físico: la barrera infalible
A menudo olvidamos que la solución más eficaz es de hardware, no de software. Todos los altavoces inteligentes del mercado cuentan con un interruptor físico para el micrófono. En los Echo se identifica con un círculo tachado que se ilumina en rojo, y en los dispositivos Google suele ser un interruptor deslizante trasero.
Este botón corta el circuito del micrófono eléctricamente. Cuando está activado, es físicamente imposible que el software transmita audio, independientemente de errores o activaciones accidentales. Es una costumbre saludable pulsarlo durante reuniones de trabajo en casa o momentos familiares privados.
Aplicar estos cambios supone un «sacrificio» mínimo: el asistente pierde contexto a muy largo plazo sobre tus hábitos de voz, pero mantiene intactas sus funciones de domótica, música y consultas rápidas. La relación coste-beneficio es clara: no necesitas ceder tu intimidad para que una IA encienda la luz del pasillo.
