Lo que parecía impensable hace apenas doce meses es hoy una realidad cuantificable en los paneles de control de Silicon Valley. La hegemonía absoluta de OpenAI se ha roto. Según los datos más recientes publicados por Similarweb, ChatGPT ha perdido más de 22 puntos porcentuales de cuota de mercado en el último año, pasando de un dominio casi monopolístico del 86,7% en enero de 2025 a un preocupante 64,5% en el arranque de este 2026.
No estamos hablando de una corrección estacional ni de un bache técnico. Estamos ante un cambio tectónico en los hábitos de consumo de inteligencia artificial. La era del «ganador se lo lleva todo» ha terminado, y el principal beneficiario de esta sangría tiene nombre propio: Google Gemini.
La caída de los dioses: datos fríos
Las cifras son demoledoras para la administración de Sam Altman. Si bien ChatGPT mantiene el liderazgo técnico en volumen bruto de usuarios (con una base estimada de 850 millones de usuarios totales), su tráfico diario ha sufrido una erosión constante desde el tercer trimestre de 2025.
El informe de Similarweb destaca un dato crítico: la retención. Mientras que en 2024 el usuario medio entraba a ChatGPT «por defecto» para cualquier consulta, hoy el tráfico se ha especializado. La caída del 22% en cuota de mercado no significa que la gente use menos IA, sino que usan otra IA.
¿A dónde se han ido esos usuarios? La respuesta está en Mountain View. Google Gemini ha protagonizado el «sorpasso» en crecimiento, escalando desde un irrelevante 5,4% de cuota a principios de 2025 hasta un sólido 18,2% hoy. Un crecimiento del 237% que valida la estrategia de Google: integración total en lugar de destino único.
Gemini 3 y la estrategia del ecosistema
El punto de inflexión tiene una fecha clara: septiembre de 2025, con el lanzamiento de Gemini 3 Flash y las nuevas capacidades nativas de generación de imagen (que superaron en benchmarks de velocidad a DALL-E 3). Google dejó de intentar crear un «mejor chat» y empezó a crear un «mejor asistente».
La integración de Gemini en el ecosistema Android y Workspace ha sido letal para la versión gratuita de ChatGPT. El usuario promedio no quiere abrir una pestaña nueva, loguearse y pegar un texto; prefiere que la IA ya esté dentro de su documento de Docs o en la barra de búsqueda de su móvil Pixel o Samsung. Google ha ganado por pura fricción: es más fácil usar lo que ya tienes instalado.
La fuga del usuario técnico: Claude y Perplexity
Pero el problema de OpenAI no es solo Google. El flanco «pro» también se desmorona. Los desarrolladores y analistas de datos, que fueron los primeros evangelistas de GPT-4, están migrando hacia herramientas más especializadas:
- Claude (Anthropic): Ha crecido un 14% trimestral, posicionándose como el favorito para la programación limpia y el análisis de grandes volúmenes de texto gracias a su ventana de contexto superior y menos «alucinaciones».
- Perplexity: Se ha llevado el 6,5% del mercado de las búsquedas con IA. Los usuarios que usaban ChatGPT como un «Google vitaminado» se han dado cuenta de que Perplexity cita mejor las fuentes y alucina menos datos.
El factor fatiga y la «lobotomía» del modelo
A esto se suma un descontento palpable en la comunidad. Durante finales de 2025, los foros de OpenAI y Reddit ardieron con quejas sobre la supuesta «lobotomía» (nerfing) de los modelos más recientes. Los usuarios reportaron que ChatGPT se había vuelto «vago», ofreciendo respuestas más cortas, negativas a realizar tareas complejas y una asepsia moral que dificultaba la escritura creativa.
Además, la estabilidad técnica ha sido un talón de Aquiles. Las caídas recurrentes del servicio en octubre y diciembre de 2025 empujaron a muchos usuarios corporativos a buscar redundancia en los servicios de Microsoft Copilot o directamente en la competencia. Cuando tu herramienta de trabajo falla dos veces en una semana, buscas alternativas.
Un 2026 decisivo: ¿Publicidad o innovación?
El silencio en las oficinas de OpenAI es ensordecedor. Mientras Google ya está probando formatos publicitarios integrados en Gemini para rentabilizar su inversión, OpenAI sigue quemando capital a un ritmo insostenible sin un plan de monetización claro más allá de las suscripciones, cuyo crecimiento también se ha estancado en Europa.
Se rumorea que Sam Altman ha declarado un «Código Rojo» interno para acelerar el lanzamiento de GPT-5, previsto inicialmente para mediados de año pero que podría adelantarse al primer trimestre. Sin embargo, la lección de estos últimos meses es clara: ser el primero no garantiza ser el líder para siempre.
En 2026, la lealtad a la marca es nula. La inteligencia artificial se ha convertido en una commodity más, como la electricidad o internet. Y ahora mismo, el interruptor de Google se enciende más rápido.

