El CES de Las Vegas ha abierto sus puertas este enero de 2026 con la intensidad habitual, y AMD ha sido una de las primeras en mover ficha. En una presentación marcada por la omnipresencia de la inteligencia artificial —el mantra de la industria para este año—, el equipo de Lisa Su ha equilibrado la balanza: promesas de hardware para centros de datos futuristas y soluciones tangibles para el usuario de a pie que juega o trabaja hoy en su ordenador.
La estrategia desvelada en Nevada tiene dos velocidades. Por un lado, la inmediatez de nuevos procesadores domésticos y herramientas de software libre; por otro, la carrera a largo plazo contra NVIDIA en el terreno de la supercomputación.
El software se abre camino: FSR 4 y ROCm
Quizás la noticia con mayor impacto a largo plazo para la comunidad de jugadores es la confirmación de que FSR 4 (FidelityFX Super Resolution) abrazará el modelo de código abierto. Tras las filtraciones del pasado agosto sobre «Redstone», AMD insinúa finalmente que su tecnología de reescalado seguirá siendo accesible y modificable, manteniendo su filosofía abierta frente a las soluciones propietarias de la competencia.

En paralelo, el ecosistema de desarrollo recibe una mejora sustancial con la llegada de ROCm 7.2.2. La novedad principal es la unificación: a partir de ahora, habrá una misma versión para Windows y Linux, eliminando una barrera histórica de fragmentación. Esta actualización, disponible este mismo mes de enero, integra soporte para los nuevos chips Ryzen AI 400 y añade ComfyUI, facilitando la generación de imágenes en local. Según cifras de la propia compañía, esta versión es hasta cinco veces más rápida generando imágenes que la anterior 6.4.
También se ha actualizado GAIA a la versión 0.15. Lo que empezó como una demo técnica ha evolucionado hacia un SDK (kit de desarrollo de software) completo para crear agentes de IA en PC, con mejor integración de servidores y nuevas herramientas para sectores específicos como el médico.
Novedades en silicio: Ryzen 7 9850X3D y APUs potentes
En el terreno del hardware de consumo, la estrella es el nuevo Ryzen 7 9850X3D. Lejos de ser una revolución, se trata de una iteración lógica del exitoso 9800X3D. Mantiene los 8 núcleos y los 104 MB de caché que tan buen resultado dan en videojuegos, pero eleva la frecuencia «boost» hasta los 5,6 GHz (400 MHz extra) con un TDP de 120W.

AMD asegura que este chip ofrece un 27% más de rendimiento medio que el Intel Core Ultra 9 285K a resolución 1080p. Como siempre, conviene coger los datos del fabricante con cautela hasta ver pruebas independientes, especialmente porque las pruebas a 1080p suelen buscar forzar el cuello de botella en la CPU, algo que no siempre refleja el uso real en resoluciones altas.
Para el mercado de portátiles y equipos compactos, llegan los Ryzen AI 400 (una revisión de la serie 300 con mayores frecuencias) y la nueva gama alta: Ryzen AI Max y Max+. Destaca el modelo 392, con 12 núcleos y una gráfica integrada de 40 Compute Units (CU). Para ponerlo en contexto, esa potencia gráfica integrada empieza a rivalizar seriamente con tarjetas dedicadas de entrada, lo que podría cambiar el panorama de los portátiles finos.
La promesa de los YottaFLOPS para 2027
Mirando al futuro, AMD ha dibujado su hoja de ruta para la inteligencia artificial masiva con las futuras GPU Instinct MI500. Hablamos de una arquitectura CDNA 6 fabricada en el nodo de 2 nanómetros de TSMC.
Aquí las cifras se vuelven vertiginosas. La compañía promete un salto de rendimiento de 1.000 veces en tareas de IA respecto a lo visto hace cuatro años, apuntando a la era de los YottaFLOPS (mil ZettaFLOPS). No obstante, esto es tecnología sobre el papel: su llegada no se espera hasta algún momento de 2027.
La presentación de AMD en este CES 2026 deja clara una cosa: aunque la IA domina el discurso corporativo y la inversión a futuro, la compañía sabe que no puede descuidar a su base de usuarios actual. Unificar ROCm y mantener FSR como estandarte del código abierto son movimientos que, más allá de los teraflops, buscan fidelizar a una comunidad que valora la accesibilidad por encima de los jardines vallados.

