Amazon Web Services (AWS) ha oficializado hoy el lanzamiento de su Nube Soberana Europea. Se trata de una infraestructura diseñada para operar con independencia total, separada tanto física como lógicamente de las demás regiones del gigante tecnológico, garantizando así que los datos no tengan dependencias críticas fuera del territorio comunitario.
Este movimiento estratégico responde a la creciente presión regulatoria de Bruselas y al temor de gobiernos y empresas ante una posible inestabilidad en el flujo de datos transatlántico. La nueva arquitectura promete mantener la operatividad incluso en el escenario extremo de una interrupción total de las comunicaciones con el resto del mundo, un «seguro de vida» digital que busca mitigar la incertidumbre geopolítica actual.
Una infraestructura a prueba de desconexiones
La principal promesa de esta nueva región es su autonomía. Según ha detallado la compañía, la Nube Soberana Europea ha sido construida para no depender de ningún recurso ubicado fuera de las fronteras de la Unión Europea. Esto implica que los metadatos, la información de facturación y, por supuesto, los datos de los clientes, permanecen estrictamente en suelo europeo.
Para reforzar esta propuesta, Amazon ha confirmado que la operación de esta nube recae exclusivamente en personal residente en la UE. Además, se ha establecido una estructura legal específica con una nueva empresa matriz y filiales europeas. Los directivos de estas entidades son ciudadanos locales obligados a priorizar el cumplimiento de las leyes comunitarias y los intereses de esta nube soberana, intentando así levantar un cortafuegos legal frente a injerencias externas.
En paralelo al lanzamiento principal, AWS ha ampliado sus Zonas Locales Soberanas para cubrir necesidades de baja latencia y residencia estricta de datos. Las nuevas ubicaciones elegidas para estas instalaciones son Portugal, Bélgica y los Países Bajos, reforzando la capilaridad de la red en el continente.
La dependencia tecnológica en la era Trump
El contexto en el que aterriza este servicio no es casual. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha reactivado las alarmas en el tejido empresarial del Viejo Continente. Existe un temor palpable a una guerra comercial que derive en un conflicto digital o, en el peor de los casos, en un apagón de servicios que podría costar miles de millones a la economía europea.
La Unión Europea lleva años legislando para evitar que los datos de sus ciudadanos queden expuestos a jurisdicciones extranjeras. Sin embargo, la realidad del mercado es tozuda. A pesar de los esfuerzos por fomentar «campeones digitales» europeos, la dependencia de Silicon Valley sigue siendo absoluta. Esta Nube Soberana se presenta como una solución de compromiso: tecnología estadounidense, pero bajo reglas de juego europeas.
Soberanía de datos bajo paraguas estadounidense
El Informe sobre Soberanía Tecnológica y Digital, aprobado por el Parlamento Europeo en junio de 2025, arroja cifras preocupantes que explican la necesidad de este movimiento. El 69 % del mercado de la nube en Europa está en manos de los tres grandes actores norteamericanos: AWS, Microsoft Azure y Google Cloud. En contraste, las empresas europeas apenas alcanzan un 15 % de cuota de mercado.
Más crítico aún es el dato sobre la gestión de la información: se estima que el 90 % de los datos de los europeos están bajo el control o la gestión de tecnológicas con sede en Estados Unidos. Esto expone dicha información a la Cloud Act, una normativa estadounidense que permite a sus autoridades federales reclamar datos almacenados en servidores de sus empresas, independientemente de si estos se encuentran físicamente en Berlín, París o Madrid.
La propuesta de Amazon busca desactivar precisamente este riesgo legal y operativo. Al aislar física y lógicamente la infraestructura y ponerla bajo gestión de entidades europeas, la compañía pretende ofrecer un escudo frente a la extraterritorialidad de las leyes estadounidenses. Queda por ver si esta «soberanía como servicio» será suficiente para calmar las inquietudes de los reguladores más estrictos y de los sectores estratégicos que, a día de hoy, no tienen una alternativa real nacida en Europa.
