La industria de las pantallas acaba de recibir un golpe de realidad que muchos analistas vaticinaban. Tras años intentando vender el 8K como el siguiente estándar lógico para el salón, LG ha decidido recoger cable. La firma coreana, que fue pionera en este segmento con el lanzamiento del ostentoso LG Signature Z9 en 2019, abandona una carrera que parece no llevar a ninguna parte.
Esta retirada no es un hecho aislado. Se produce en un contexto donde el reciente CES 2026 ha pasado de puntillas sobre la ultra resolución, centrando el interés en la mejora del brillo OLED y las frecuencias de refresco. LG ha optado por la eficiencia: si el mercado no demanda estos paneles, no tiene sentido seguir fabricándolos.
Un formato huérfano de contenido
El principal problema del 8K nunca fue el hardware, sino la absoluta ausencia de software que lo justificase. A pesar de que la industria del cine digitaliza sus archivos a resoluciones altísimas, la distribución doméstica sigue anclada en el 4K. Ni las plataformas de vídeo bajo demanda ni el formato físico han mostrado interés real en dar el salto, debido principalmente a los costes de ancho de banda y almacenamiento.
A esto se suma una paradoja tecnológica frustrante para el usuario. Dispositivos como PlayStation 5 Pro, capaces de emitir señal a estas resoluciones, se encontraron con problemas de compatibilidad en muchos televisores 8K que carecían de compresión DSC en sus puertos HDMI. El resultado era una experiencia técnica inconsistente que terminaba por espantar al consumidor entusiasta.
El desinterés del consumidor medio
La diferencia visual entre un panel 4K y uno 8K en distancias de visionado estándar es, para el ojo humano, prácticamente inapreciable en tamaños inferiores a las 75 u 88 pulgadas. LG enfocó su gama 8K dentro del sello «Signature», un entorno de lujo y exclusividad, pero incluso en ese nicho de alto poder adquisitivo, la propuesta de valor ha flaqueado frente a las mejoras en contraste y colorimetría de los paneles 4K actuales.
Las últimas notas de prensa del fabricante ya daban pistas sobre este movimiento. La resolución 8K había desaparecido del discurso comercial, siendo sustituida por términos centrados en la inteligencia artificial y el procesamiento de imagen. Es el reconocimiento implícito de que el usuario prefiere un 4K perfectamente procesado que un 8K vacío de contenido nativo.
Samsung se queda sola ante el peligro
Con la salida de LG, el ecosistema 8K queda reducido a la mínima expresión. Samsung permanece ahora como el único gran fabricante que mantiene su apuesta por este formato mediante sus modelos NeoQLED. Sin embargo, la posición de la compañía es cada vez más comprometida; sin competencia que impulse el estándar y sin el apoyo de los estudios de Hollywood, el 8K corre el riesgo de convertirse en una nota al pie de página en la historia de la tecnología.
El mercado de consumo ha hablado con claridad: la resolución no lo es todo. La industria parece haber entendido que el futuro inmediato pasa por perfeccionar la tecnología OLED y microLED en estándares actuales antes de intentar forzar una resolución para la que todavía no existe una infraestructura de contenidos real.
