La generación de claves para videojuegos en plataformas digitales como Steam se basa en combinaciones alfanuméricas de enorme complejidad matemática, lo que garantiza una capacidad prácticamente ilimitada para distribuir contenido sin riesgo de agotamiento.
Cada código estándar se compone de cinco bloques de cinco caracteres, usando 36 posibles símbolos —letras mayúsculas y dígitos—, lo que genera 60.466.6176 combinaciones por bloque. Multiplicando por los cinco bloques, el total asciende a aproximadamente 8×1038 combinaciones, un número que supera incluso la cantidad de átomos estimados en el universo observable.
Este volumen tan elevado de posibles códigos implica que, incluso generando miles de millones de claves al día, el tiempo necesario para agotar todas las combinaciones sería de miles de millones de años. Por tanto, la limitación real en la distribución de claves no proviene de una falta de combinaciones, sino de políticas internas de seguridad y control.
En concreto, Steam permite que los desarrolladores soliciten un máximo inicial de 5.000 claves para su lanzamiento, cantidad que puede ampliarse a posteriores mediante mecanismos de control de stock y prevención de fraudes. Estas medidas buscan evitar el uso indebido y la duplicación de códigos, así como proteger a usuarios y creadores frente a la piratería.
Además, los sistemas implementan algoritmos para evitar repeticiones y detectar claves sospechosas o ilegales, aumentando la seguridad del ecosistema digital. La variedad de formatos, que también incluyen códigos de 12, 15 o 20 caracteres, se adapta a diferentes usos como promociones, regalos y eventos, manteniendo la robustez en la asignación.
En definitiva, la arquitectura matemática detrás de las claves digitales asegura que la distribución masiva sea viable a largo plazo, mientras los controles asociados se encargan de preservar la integridad y seguridad del mercado de videojuegos en línea.

