Intel ha presentado resultados financieros mixtos en el último trimestre y en el cómputo anual de 2025, superando las previsiones en ingresos y beneficio por acción no GAAP, pero registrando pérdidas netas que evidencian las dificultades aún presentes en su reajuste estratégico. Estos datos reflejan tanto avances en segmentos clave como limitaciones significativas en suministro, que condicionan su crecimiento inmediato.
En el cuarto trimestre la compañía reportó ingresos de 13.700 millones de dólares, un 2,16 % por encima de las expectativas de mercado, y un beneficio por acción ajustado de 0,15 dólares, que supera en un 87,5 % las previsiones (0,08 dólares). Sin embargo, la pérdida neta ascendió a 591 millones, más del cuádruple que en el mismo periodo de 2024, lo que pone de manifiesto los retos financieros que persisten tras años de reestructuración.
En el global de 2025, Intel facturó entre 52.853 y 52.900 millones, ligeramente por debajo de los 53.101 millones del año anterior, con una pérdida neta anual reducida a 267 millones, frente a los casi 19.000 millones de 2024. Esta reducción histórica en la pérdida refleja cierta estabilización tras un periodo marcado por inversiones y ajustes significativos.
El margen bruto no GAAP en el último trimestre se situó en el 37,9 %, mientras que la compañía logró una disminución del 15 % en gastos operativos respecto al año previo. Destaca especialmente el crecimiento del 50 % en el negocio de ASIC personalizados y un incremento del 9 % en ingresos de la división de centros de datos e inteligencia artificial (IA) respecto al cuarto trimestre anterior, hasta 4.700 millones.
El lanzamiento inicial de los primeros productos fabricados bajo la tecnología Intel 18A en Estados Unidos supone un hito en el desarrollo de fundiciones avanzadas, si bien la producción aún se encuentra en una fase de aumento gradual. El CEO Lip-Bu Tan subrayó durante la presentación que «la presentación de nuestros primeros productos de Intel 18A marca un importante hito» y que la empresa ha «progresado en su camino para construir una nueva Intel».
No obstante, el primer trimestre de 2026 estará condicionado por limitaciones en el suministro que podrían afectar los ingresos, previstos entre 11.700 y 12.700 millones. Se espera una mejora en esta área para el segundo trimestre, aunque este aspecto depende estrechamente del progreso en la fabricación y los rendimientos tecnológicos, aspectos todavía inciertos.
Los resultados no convencieron del todo al mercado, que reaccionó con una caída de las acciones de Intel de hasta un 12 % en la preapertura, tras un año en el que la cotización había acumulado una revalorización del 151 %. Este comportamiento refleja la cautela de los inversores ante las discrepancias entre los avances tecnológicos y los retos operativos y financieros que la compañía enfrenta.
El balance muestra una empresa en transición, con indicadores que apuntan a una futura consolidación pero con riesgos notables derivados de la cadena de suministro y la competencia. La evolución de las capacidades productivas y la capacidad de traducir el desarrollo tecnológico en resultados sostenibles serán clave para los próximos meses.

