Intel ha anunciado el fin de la vida útil (EOL) de dos de sus familias de procesadores: los Core de 12.ª generación Alder Lake y los Xeon Scalable de 4.ª generación Sapphire Rapids. Este movimiento anticipa el cierre de pedidos en los próximos meses y marca un giro hacia nuevas arquitecturas que Intel prepara para el mercado de ordenadores personales y servidores.
Alder Lake, lanzado en 2021 como la primera arquitectura híbrida de Intel combinando núcleos de alto rendimiento (P-cores) y eficiencia (E-cores), se dejará de fabricar para dar paso a la serie Core Ultra. Por su parte, Sapphire Rapids, procesadores orientados a servidores que llegaron con retraso a comienzos de 2023, también alcanzan su fin de ciclo, simplificando la ruta hacia los futuros Xeon 6 y 7.
La transición se enmarca en una estrategia de Intel para consolidar y actualizar su oferta, impulsada por la competencia creciente de AMD con Zen 6 y la creciente demanda en áreas como la inteligencia artificial y la computación en la nube.
Para 2026, Intel prepara un refresco de Arrow Lake, conocido como Core Ultra Series 2, con lanzamiento previsto para la primera mitad del año. Esta familia utilizará socket LGA 1851 y pretende estabilizar el segmento de sobremesa. A finales de ese mismo año llegará Nova Lake, Core Ultra Series 4, con hasta 52 núcleos y un nuevo socket LGA 1954, orientado a competir directamente con la arquitectura Zen 6 de AMD.
En el ámbito de servidores, Xeon Diamond Rapids marcará una evolución significativa: con hasta 192 núcleos P-cores, consumo de hasta 500 vatios, soporte para 16 canales de memoria y PCIe 6.0. Destaca el abandono de variantes de entrada con 8 canales de memoria, un cambio motivado en parte por la necesidad de optimizar las configuraciones para cargas de trabajo intensivas en IA y cloud.
Intel domina actualmente el 70% del mercado global de ordenadores personales, impulsado además por el éxito de Lunar Lake en portátiles, reconocido por su autonomía superior a 20 horas. Aun así, la empresa está presionada para mantener su primacía, ya que cede terreno en el ámbito de centros de datos frente a una competencia cada vez más agresiva.
Este ajuste en la fabricación de procesadores y el enfoque en nuevas generaciones reflejan no solo una actualización tecnológica, sino también un reposicionamiento estratégico para afrontar los retos que plantea el sector a medio plazo.

