La luna de miel de Nintendo con su nueva consola parece haber terminado antes de lo previsto. Tras un debut histórico el pasado mes de junio, donde Switch 2 rompió récords con más de 3,5 millones de unidades vendidas en solo cuatro días, los datos de la campaña navideña de 2025 dibujan un escenario mucho más sobrio. El impulso inicial se ha frenado notablemente en los mercados occidentales, revelando que la sucesión de la exitosa Switch original no será un camino de rosas.
Según informaciones manejadas por The Game Business, las ventas de Switch 2 en Estados Unidos durante el periodo clave de noviembre y diciembre cayeron alrededor de un 35 % en comparación con lo que logró la primera Switch en su misma ventana de lanzamiento en 2017.
Unas navidades complicadas en Estados Unidos y Europa
El contexto económico no ayuda. Los datos de la consultora Circana señalan que el mercado estadounidense ha vivido su peor mes de noviembre en venta de consolas desde 1995. Sin embargo, la caída de Nintendo tiene matices propios. Un empleado sénior de la compañía ha reconocido que la combinación de un «panorama económico complicado», un precio de venta más alto y, crucialmente, «la ausencia de un gran juego occidental» durante las fiestas han dificultado las comparaciones con el fenómeno de 2017.
En Europa la situación es desigual, pero con tendencia a la baja. Francia, tradicionalmente un bastión inexpugnable para la compañía de Kioto, ha dado la sorpresa negativa: las ventas de Switch 2 el año pasado fueron más de un 30 % inferiores a las del primer año de su predecesora. De hecho, el mercado británico ha superado al francés en volumen de ventas para la nueva máquina en 2025, algo poco habitual.
En Reino Unido, aunque las ventas de la nueva consola en las últimas ocho semanas del año fueron un 16 % inferiores a las de 2017, hay un dato para el optimismo: si sumamos las ventas de la Switch original (que sigue en el mercado), el total de hardware de Nintendo vendido ha subido un 7 %. Esto sugiere que la base de usuarios no ha abandonado la marca, pero no todos han sentido la urgencia de dar el salto generacional.
La excepción japonesa y el factor precio
Como suele ocurrir, Japón juega en otra liga. Allí, Switch 2 ha cerrado el año con fuerza, logrando un aumento del 11 % en ventas totales durante 2025 comparado con el año de debut de la primera Switch. Aunque las semanas de Navidad (noviembre-diciembre) vieron una ligera caída del 5,5 %, el balance anual es positivo.
¿La clave? Una propuesta de valor distinta. En Japón existe una versión de la consola más económica (aproximadamente 335 dólares al cambio), algo que no hemos visto en occidente. Además, el catálogo navideño resonó mejor con el público nipón gracias a lanzamientos como Kirby Air Riders, que ya acumula más de 420.000 copias físicas vendidas. La falta de un equivalente a Super Mario Odyssey, que impulsó las navidades de 2017, se ha notado mucho más fuera de las fronteras japonesas.
Un catálogo de 2026 a la espera de un gran éxito
Mirando hacia el futuro inmediato, el calendario de lanzamientos de Nintendo para este 2026 plantea interrogantes. La lista de títulos anunciados incluye Mario Tennis Fever, Yoshi and the Mysterious Book, The Duskbloods y Fire Emblem: Fortune’s Weave. Son franquicias sólidas, pero quizás no los «vende-consolas» masivos que el mercado occidental demanda para justificar el precio del nuevo hardware.
Todas las miradas están puestas en el 5 de marzo con la llegada de Pokémon Pokopia, un título exclusivo que permitirá a los jugadores construir su propio paraíso Pokémon. Keza MacDonald, de The Guardian, sugiere que este podría ser el punto de inflexión que la consola necesita. Además, se esperan actualizaciones para Animal Crossing: New Horizons y Super Mario Wonder adaptadas a la nueva potencia de la máquina.
Con el 30º aniversario de Pokémon en el horizonte y el estreno de la película de Super Mario Galaxy en abril, Nintendo tiene cartas por jugar. La compañía deberá demostrar en las próximas semanas si puede reactivar el interés masivo o si el mercado se ha vuelto definitivamente más cauteloso ante los saltos generacionales.

